Glencree (a quien corresponda)

De vez en cuando ocurren cosas que a uno le reconcilian con la política. Sí, oigan, muy de vez en cuando. Pero ocurren.

Ayer estuve frente a 25 hombres y mujeres que han sufrido en primera persona la violencia. Algunos la de ETA, otros la del GAL o la del Batallón Vasco Español o  la de la policía franquista y  después la de la “democrática”. Y otros  la de los grupos organizados de la Izquierda Abertzale que durante años señalaban, presionaban, amenazaban. Victimas en definitiva de las diferentes expresiones de una violencia que durante décadas ha marcado la vida de este país.

Esas personas comparecieron ante los medios de comunicación (¡eh, todavía alguien cree que valemos para algo!) para hacer saber a la sociedad que durante casi 5 años han mantenido periódicamente encuentros en los que han puesto en común el dolor y el sufrimiento que han marcado sus vidas. Esa experiencia de colocarse frente a “el otro” y escucharle les ha servido -explican ellos- para superar temores, estereotipos, frustraciones. Una iniciativa que  les ha ayudado a trascender al dolor y explorar nuevas bases de convivencia. Justo lo que muchos intuimos, sabemos, pensamos, que poco a poco debe ir haciendo esta sociedad. Ahora dan por finalizado ese proceso de conocimiento mutuo que les ha llevado a la empatía y a suscribir todos juntos un texto en el que hablan de lo que comparten: hechos violentos traumáticos e intencionados que les han causado un sufrimiento injusto y prolongado seguido de negación, abandono y olvido por parte de quien lo provocó. Ese texto al que me refiero es un mensaje que cualquier ciudadano debería leer, entender e interiorizar porque contiene algunas de las bases irrenunciables de lo que debe ser nuestra convivencia. TEXTO PRESENTACIÓN PÚBLICA DEFINITIVO . Estas personas han elaborado también un relato compartido -que también merece una lectura- de lo que ha sido su experiencia en el grupo de trabajo Gleencree. Merece la pena leerlo aquí.

¡Qué fácil es escribir sobre ello y qué difícil tiene que ser vivirlo en carne propia! Intento ponerme en el lugar de esas personas y me veo incapaz de llegar a donde ellas han llegado. ¡Qué duro que tiene que ser hablar de tu dolor pensando que  quien te escucha puede hacerlo -en el mejor de los casos- con indiferencia! Hay que ser muy valiente y muy fuerte para implicarse en una experiencia así. La lección de esos 25 hombres y mujeres (LISTADO DE FIRMANTES DE LA INICIATIVA) es, como bien ha dicho mi colega/colega Iñigo Herce en este artículo, todo un aldabonazo en nuestras conciencias. Especialmente en la de los periodistas, añado yo, porque en su relato estas personas señalan que  ” el riesgo de manipulación por los medios de comunicación ha sido un miedo constante en nuestra experiencia y eso tendría que llevar a la reflexión”

Pero en este post no quería hablar solo de quienes han firmado el manifiesto de Gleencree sino de quienes han impulsado una iniciativa así. Personas que, como decía en el arranque de este post, hacen que me reconcilie con la política.

Los primeros pasos de Glencree, nos contaron ayer, se dan en septiembre de 2007 desde la oficina de atención a las víctimas del terrorismo que dirigía y dirige Maixabel Lasa. La propia Lasa y Txema Urkijo se reúnen una por una con diez víctimas de ETA y de los GAL y les proponen un encuentro entre victimas de distinto signo.  No les dicen ni los nombres de quienes serán sus interlocutores ni los detalles. Se encarga a Carlos Martin Beristaín, Galo Bilbao y al psicólogo Julián Ibáñez de Opacua el diseño y coordinación del encuentro. En diciembre de 2007  se reúnen en el centro Glencree de Irlanda. Un año más tarde, en 2008, el grupo se amplía a víctimas de ETA de fuera de Euskadi. En mayo de 2011 hay un ampliación final (otras 10 personas aproximadamente hasta completar la treintena)  en la que se cuenta con amenazados, torturados y  victimas de actuaciones policiales. El grupo se reúne en Santa María de Mave (Palencia). Además de en estos encuentros de varios días los miembros de Glencree también se juntan periódicamente en jornadas de trabajo más breves. Algunos, no todos,  han seguido en contacto fuera de los grupos de trabajo reuniéndose periódicamente.

Todo esto se ha llevado con la más absoluta discreción y- nos aseguran- con total respeto a las decisiones autónomas del grupo. No se ha informado ni a los partidos ni a las asociaciones de víctimas hasta que la experiencia ha llegado a su fin. Y eso (aunque sea paradójico que lo haga un periodista cuya profesión consiste en contar lo que está pasando) es precisamente   lo que quiero aplaudir, aplaudir y aplaudir. Esta vez -¡y que sirva de precedente!- quienes podían haberse colgado medallas desvelando la existencia de Glencree y utilizándolo como argumento de legítima pugna política no lo han hecho. Que haya habido políticos (o gentes que participan en política a través del gobierno) que  hayan antepuesto la protección y la dignidad de esas víctimas (que es la de todos) al interés del ejecutivo de turno me reconforta. No habrá sido tarea fácil para quienes han acertado a preservar Glencree lejos de los focos y de la pugna partidista. Imagino que  en el ejecutivo Ibarretxe -a cuyo gobierno  a menudo se le achacaba escasa sensibilidad con las victimas- habría tentaciones de acallar esas críticas filtrando la existencia de Glencree…. del mismo modo que imagino que las habrá habido con el gobierno de López cada vez que sus adversarios políticos le hayan reclamado más liderazgo o aportaciones al proceso de paz en Euskadi.

Pero bueno…eso son especulaciones mías, ¿verdad? En todo caso, y a quien corresponda, gracias, eskerrik asko,  porque entiendo que en este caso el derecho a la información no debía imponerse a un valor mucho más elevado: el la reconciliación o llámenle como quieran. La política en la que me gustaría creer es la que es capaz de sacar adelante iniciativas como esta.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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