Cambio de aceite

Dice un buen amigo que para rato iba a llevar el coche al taller a cambiar el aceite si supiese hacerlo él mismo.  Y añade: “el día que aprenda me voy a ahorrar una pasta pero como no tengo ni puta idea de mecanica, pues…” Con el periodismo pasaba lo mismo. Pero ya no. 

Me remito a la cobertura mediática de la última huelga general. Los medios hemos publicado crónicas de las manifestaciones, fotos de los incidentes, videos de calles vacias y persianas que se cierran. Simultaneamente  miles de ciudadanos han hecho exactamente lo mismo a través de las redes sociales y no han cobrado por ello.  Hasta hace nada el personal iba al taller (lease “periódico/emisora/televisión”) porque no habia otro modo de que  el coche siguiese funcionando (lease “saber qué estaba o había pasado”). Eso se acabó. He seguido muchas huelgas generales como periodista y creo que no exagero si digo que nunca como en la última he tenido una visión tan completa de lo que estaba ocurriendo en la calle. Por la mañana recorrí en coche mi barrio y algunas zonas indsutriales, despues me dediqué  a seguir la huelga via Twitter/Facebook – elaborando además una pieza sobre cómo se había seguido la huelga en las redes sociales- y finalmente  me enchufé a varios informativos de televisión y radio.  Por la tarde me dí una vuelta por mi ciudad y asistí al final de una de las manifestaciones. Lo dicho: siendo una visión muy limitada es,  sin duda,  más amplia que la que he tenido en convocatorias anteriores. ¿Qué mejor que cientos de personas contando lo que ven y oyen para tomarle el pulso a una noticia?

Hay quien todavía no termina de entenderlo. Me llamó la atención este artículo  publicado en medios de Vocento en el que se hablaba de voyeurismo o de pseudoperiodistas advenedizos para referirse a quienes habían difundido datos e imagenes de la huelga a través de Twitter y otras redes sociales. Por supuesto que los datos e imágenes difundidos por los tuiteros deben ser contrastados, por supuesto que a un ciudadano no se le van a exigir los mismos  niveles de  rigor y objetividad que se le deben exigir a un profesional, por supuesto que le doy más credibilidad a lo que me cuente un buen periodista o un medio serio que un desconocido cuya identidad y filiación pueden ser falsas. Todo eso es cierto pero creo que el autor del artículo olvida algo fundamental: la comunicación es inherente  a la persona. Comunicar, expresar, contar nos hacen más humanos y construyen eso que llamamos sociedad. Durante siglos el ambito de la comunicación fue muy limitado y fue ampliandose a medida que se desarrollaban los medios tecnicos que permitian la difusión masiva de los mensajes. Así nacieron los medios de comunicación ( libros, periodicos, radios, televisiones….hasta la aparición de Internet)   Hoy hemos llegado a un punto de inflexión, a un cambio de paradigma  en el que casi cualquiera ( y llegara el día en que  sobre el “casí”)  puede difundir su mensaje a traves de un medio con una audiencia potencial sin precedente. Y eso no tiene nada que ver con las modas o el voyeurismo. Es un nuevo estadio en la configuración de los grupos humanos. Casi nada.

Y en ese nuevo escenario ¿qué nos queda por hacer a los periodistas? Mucho. Muchísimo. Pero va a tener que ser diferente a lo que hacíamos hasta ahora. Ahora el aceite lo cambia cualquiera. Debemos, por tanto, aprender  qué aceite es el más adecuado para cada motor.   En alguna ocasión he comentado que en mi opinión el futuro de nuestra profesion pasa por hacer bueno el lema de los informativos de BBC  World: making sense of it all , algo así como “darle un sentido a las cosas”. Tenemos que preguntar, cuestionar, criticar… empezando por muchas estructuras de la  propia profesión. Despues tenemos que escuchar a  más gente (imperdonable que las empresas no no estén formando de modo intensivo en herramientas como Twitter) ,  conocer más tendencias…y al mismo tiempo pisar más  calle, hablar con más protagonistas de la actualidad…no para contarlo ( que ya lo hacen cada uno de ellos)  sino para llegado el momento saber hacer las preguntas adecuadas o poner el foco allí donde hace falta. Hoy dia una ironia, un detalle, un análisis, una buena pregunta aunque no tenga respuesta, son mucho más periodísticos que todos los datos que uno pueda aportar. El mecánico no cobra por apretar una arandela, sino porque sabe qué arandela es la que hay que apretar.

 

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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3 respuestas a Cambio de aceite

  1. Jurdan dijo:

    De acuerdo, pero tu amigo se frena al cambiar el aceite al coche o arreglarlo, también de operarle del corazón a su mujer. Los percibe como materias sensibles. Con la información no pasa eso.

    Lo que antes era descolgar el teléfono y llamar a la redacción para contarlo ahora es lanzarlo, por ejemplo, en Twitter (algunos creen hacer periodismo por el hecho de echar información en un blog). Es un gran cambio en una parte concreta de nuestro trabajo y los periodistas tendremos que ir ahí. Resulta fascinante de conversación en conversación rastreando información, porque siendo información no es periodismo.

    Y esto aderezado con que creo que hemos dejado de darle sentido a las cosas, como dice la BBC, antes de que hubieran aparecido las redes sociales. Y, aparte, nos tomamos demasiado en serio unos debates que nunca terminamos de acabar, los días pasan y los periódicos se cierran.

    • “Siendo información, no es periodismo” Ahí has dado la clave. Durante muchos años bastaba con dar información para hacer periodismo ( o casi ). Ahora eso no es suficiente.

      Y por supuesto que dejamos de darle sentido a las cosas mucho antes de que apareciesen las redes sociales, pero es que con su aparición la necesidad de filtro, de análisis, de sentido, se ha ehcho mucho mayor.

  2. Jurdan dijo:

    Esa necesidad de filtro la vemos tú, yo… como tu colega ve la necesidad de ir al taller en lugar de manipular él mismo su coche. ¿Pasa lo mismo con la información? ¿Es la gente consciente (y, en consecuencia, capaz de pagar por información en la web como hace treinta años pagaba por el papel)?

    En esas estamos.

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