Servidumbres

Si todo se hubiese quedado en que Mercedes Milá enseñase el culo en directo ni me habría molestado en detenerme en el asunto. Si la cosa hubiese acabado con un concursante ( o una concursante)  tocándole las tetas  a la presentadora de Gran Hermano no le habría dado más importancia. No, no es eso.  Lo que realmente me ha llamado la atención es lo que he tenido que leer después.

La verdad es que todo lo que rodea a ese programa -que jamás  he sido capaz de ver más dos minutos- me enerva bastante. Ya me mosqueaba el eslogan de  “experimento sociológico” para referirse a una cuadrilla de macarras encerrados y dedicados al loable empeño de meterse y sacarse mano con el  multi-objetivo de

1) hacerse famoso

2) sacarse una pasta

3) hacerse famoso para sacerse una pasta

como para ahora tener que leer que “con 60 años  (…Mercedes Milá…) tiene una libertad envidiable y no se pone límites a la hora de hacer lo que otros consideran el ridículo”

O mejor aun ” Muchos la van a criticar, van a poner en duda su profesionalidad, mientras que otros la aplaudirán. Yo sólo puedo decir que ella es única… INSUPERABLE

Pensará el lector que los elogiosos comentarios los he rescatado de algún foro de internet sobre Gran Hermano o de las edificantes páginas que algunos medios ¿serios? dedican a ese programa y que parecen directamente sacadas de un portal de contactos eróticos. Pues no. Error. Los antedichos comentarios sobre  Mercedes Milá corresponden a sendas columnas de opinión redactadas por críticos de televisión de Vocento y El Mundo. Y, añado,  por si alguien quiere hacer una reflexión añadida en clave de igualdad, machismo  y género, redactadas por dos mujeres.

Esa es la razón por la que escribo. Para tratar de entender. No a la Milá, a la que dejé de respetar profesionalmente el mismo día que ella dejó de respetarse profesionalmente a sí misma. Iba  a decir que eso me da igual pero en realidad me produce lástima. En mi  “formación” como tele espectador  algunas de las  entrevistas de Mercedes Milá a muchos personajes relevantes de los últimos 30 años han sido importantes . Recuerdo a una entrevistadora directa, mordaz, provocadora, irreverente pero, sobre todo, inteligente. Por eso no me da igual saber que ahora se decida a preguntar a un maromo “estoy hasta buena.¿no?” para a continuación dejarse sobar las tetas . Es patético que semejante bagaje profesional no se aproveche,  no se invierta en otro tipo de programa. Y  que su dueña prefiera enseñar las no-bragas a esperar su oportunidad me resulta aun más incomprensible. Escribo para tratar de entender pero confieso que esa parte ( la decisión personal y profesional de alguien que no tiene ninguna premura económica ni nada que demostrar de participar de un espectaculo-culo-culo de esa calaña) escapa a mi comprensión. Solo me viene a la cabeza una frase que acabo de leer en una novela “Decidió apartarse de todos conciente de que su sed de halagos era inagotable” Por lo que se ve no es el caso.

Pero como decía lo que me ha soliviantado de todo este asunto han sido algunas de las  críticas de televisión que he leido sobre el numerito de la Milá. ¿Para qué está la crítica? ¿Para decir que una señora que enseña el culo en televisión es  insuperable? ¿Para aplaudir que por rascar un punto de audiencia una profesional como la copa de un pino invite a  un chaval a que le toque las tetas? ¿Para decir que hacer cosas ordinarias a su edad tiene mérito y concluir que la televisión sirve para aprender que cuando una va a enseñar el culo hace bien en ponerse medias negras de encaje? Por favor, oigan, por favor. No somos imbéciles, no insulten a nuestra inteligencia.

Por eso debe haber otra explicación. Sería mucho más facil que alguien con más conocimiento de causa que yo lo contase. Algunos se han centrado en explicar el comportamiento de la presentadora y dan explicaciones como esta de Javier Perez de Albéniz. A mi me interesa más la postura de Vocento y El Mundo.

La del periodico de Pedro J. se me escapa, como casi todo lo que hace Pedro. J. Y aunque no entiendo nada -o precisamente por ello- no me resisto a comentar que alucino cuando leo que la crítica da más importancia a un comentario supuestamente ofensivo contra los andaluces que a que la presentadora se deje magrear en directo.  ¿Es medio normal que alguien que cultiva el género PERIODISTICO de la crítica de TV escriba que la Mila “se pone fuera de lugar”  y casi insulta a los andaluces cuando dice “el calor hace que en Andalucía hagamos las cosas más lentamente”  y en cambio la califique de “insuperable” cuando se levanta la falda?.

Lo de Vocento está mucho más claro. Aunque el grupo vendió la mayor parte de su participación en Tele 5 sigue teniendo vinculos con Mediaset. Y parece que eso es razón suficiente para aplaudir el “todo vale por la audiencia” Parece que alguien ha llegado a la conclusion de que en plena debacle de ingresos por publicidad y ventas, medio punto de rating puede suponer muchos miles de euros en ingresos y no está el patio como para echar piedras sobre tejado propio. 

A menudo he comentado  que la falta de independencia y capacidad crítica son dos de los grandes males endémicos del periodismo en este país pero queda claro que esos males no solo afectan a los medios públicos y a su dependencia del poder político. Hay otras servidumbres más sutiles. A las puebas me remito.

 

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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4 respuestas a Servidumbres

  1. Giusseppe dijo:

    Como habitualmente, me ha gustado tu comentario.
    Como tú, creo que nos hemos perdido en una guerra de cifras, ratings, ingresos, pagos… olvidándonos de para qué queremos esas cifras. ¿Ingresos para seguir haciendo esa TV? No. Está claro que no. Los ingresos son solo para enriquecimiento de algunos que, muy seguramente, no verán ese canal.

  2. Xabi dijo:

    Totalmente de acuerdo. Entiendo que alguien pueda decir, a tomar por…, la tele es espectáculo (por cierto, en este caso especta-culo, chiste fácil, lo sé) y como tal hago lo que sea para promocionarlo. Puedes tomar la actitud amoral de que el programa que haces es entretenimiento y aunque te vean millones de personas, tu no estás ahí para educar en valores (lo cual es un tema peliagudo). Supongo que Mila (como antes Sardá) ha llegado a ese punto, pero lo mínimo es que se diga así. Quizás en eso Sardá me parecía más coherente, no iba de que estaba haciendo un experimento sociológico, ni nada de eso. Y la verdad es que da mucho que pensar que personas con tanto talento y con herramientas para hacer algo diferente, se dediquen a eso. No sé si al final vendrá de vuelta, porque tal como va la tele no me extrañaría que en unos años los que salen de Gran Hermano acaben copando los puestos de periodistas (ya están de tertulianos por todos los lados, lo siguiente que será? informativos)…, y entonces harán un Gran Hermano… con periodistas encerrados. 😉

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