Nosotros los periodistas.

Anteayer, festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, leí y escuché muchas cosas sobre este oficio que nos da de comer y a veces de pensar. La verdad sea dicha, cada vez menos de ambas cosas.

Anteayer me contaron que solo el 12% de los estudiantes de periodismo acabarán ejerciendo la profesión, supe que  74  periodistas fueron asesinados en 2011 en el mundo, escuché que muchos compañeros  engrosaron las listas del paro el año pasado y repetirán en este 2012 . Euskal komunikabideek egoera bereziki zaila dutela  jakiteko parada izan  nuen ere bai. Y, por último,  leí una declaración de la Asociación de la Prensa de Madrid que da la medida del penoso panorama laboral al que ha llegado nuestra labor de juntaletras.

Estamos jodidos. No tengan la menor duda. La cuestión es por qué.

Por un lado está la crisis. Ya saben. Qué les voy a contar.  Pero no me preocupa demasiado porque pasará. Sí,  claro que está disparando la precariedad laboral y  llevándose por delante muchas vocaciones periodísticas.  Lo sé. Y   sé también que digo “no me preocupa” desde la privilegiada y cómoda posición de quien tiene un puesto de trabajo fijo en una empresa pública. Insisto,  pasará. La sociedad de la información que empezó a fraguarse a comienzos de los 90 todavía tiene muchos lustros de desarrollo por delante y los profesionales de la información (fíjese, lector, que no digo “periodistas” sino “profesionales de la información”)  vamos a tener nuestro papel destacado en la misma. Cuando la situación económica general mejore, la de nuestra profesión mejorará. De todos modos…bien pensado…sí me preocupan los efectos de la crisis…pero no tanto como otras cosas. Me inquieta más otra cuestión.

Hace unos meses, a mediados de noviembre, un joven periodista, perdón, un joven y prometedor profesional de la información, Iñaki Landa, responsable de comunicación de la federación de asociaciones de Gipuzkoa, me llamó para proponerme que diese una charla sobre qué tipo de noticias buscamos los periodistas. Los destinatarios de la misma eran miembros de la Federación, es decir, responsables de todo tipo de  asociaciones guipuzcoanas desde “Economistas sin fronteras” a  Cáritas pasando por Amigos del Ajedrez o grupos de defensa de los inmigrantes. Todos ellos, me explicaba Iñaki, le habían trasladado sus muchas dificultades para dar a conocer a través de los medios de comunicación actividades, logros, demandas y  hasta su propia existencia.  Por eso querían saber “que tipo de noticias buscamos los periodistas” para así desarrollar estrategias de comunicación más eficaces. Junto a mí intervendría otra periodista de la revista local en euskera Irutxulo, Maitane Aldanondo, para dar el punto de vista de un medio escrito de ámbito local.

Preparé la conferencia tratando de explicar que, ante todo  y aunque suene a perogrullada, los periodistas buscamos  noticias, esto es, historias veraces sobre hechos novedosos que interesan a nuestro público. En el caso de la televisión -añadía- esas historias tienen que tener un soporte de imagen. Hice mi exposición y en el turno de preguntas se fue generando un intercambio de puntos de vista que resulto tan esclarecedor como demoledor.

Yo trataba de hacerles ver que, por ejemplo, una historia  sobre desahucios o una denuncia sobre racismo van a llegar mucho más al público  si quienes la cuentan lo hacen en primera persona. Para cualquier periodista con una mínima experiencia resulta sumamente evidente que no es lo mismo empezar un reportaje diciendo “En Donostia semanalmente se producen media docena de denuncias por racismo” y mostrando un plano neutro de una calle de la ciudad que arrancar diciendo “Enrique Ngnog acudió el pasado sábado a la comisaria de Intxaurrondo a denunciar que -entre gritos de “los negros no son aquí bien recibidos- ” dos porteros  le habían impedido el acceso a un local de copas. La suya es una de las 6 denuncias por racismo que semanalmente se presentan en Donostia” . Y mientras escuchamos esas palabras vemos como el tal Enrique se aproxima a una comisaría de la Ertzaintza y llama a la puerta. Pues, efectivamente, les decía a mis oyentes, no es lo mismo.

En esas explicaciones estaba cuando los asistentes empezaron a poner pegas a mi planteamiento.

-Es que no es fácil que alguien quiera dar la cara…

-Sí, lo entiendo. Bueno, esa es también labor del periodista…explicarle a esa persona qué queremos contar y cómo…

-Es que a menudo hay situaciones legales y personales complicadas con estas personas…

-Bueno…se pueden ocultar rostros… distorsionar voces…hacer recreaciones…hay recursos narrativos…

Y entonces llegó la frase definitiva

-Es que de los periodistas no te puedes fiar. Buscan lo más escandaloso,  escabroso o amarillo. Te cortan las frases, te las sacan de contexto, te manipulan el mensaje. Ya nos ha pasado.

Mentiría si dijese que me sorprendió el comentario. También si dijese que no me dolió.

Es aquí donde quería llegar. Con cada crónica amarilla, con cada falta de rigor para conseguir una frase redonda, con cada episodio de la denostada pero a menudo practicada sentencia “que la realidad no te aparte de un buen titular”…nos hemos ganado a pulso la desconfianza. Y  no ya la del público, que también, sino de las fuentes. Y sin las fuentes somos apenas nada.  Si quienes tienen algo que contar no confían en nosotros para que lo contemos tenemos un serio problema. Y,  añado, hoy mayor que ayer, porque cada vez esas fuentes disponen de  mas cauces (vía blogs, twitter, etc…) para -permitidme un juego de palabras- “contar lo que quieren contar sin contar con nosotros”.

Ese recelo social hacia la profesión, inoculado por nosotros mismos,  es el lento veneno que nos está matando.  Creo que hoy serán pocos los y las periodistas que se alegren si su hijo o hija les dice que le gustaría seguir los pasos  de su padre o madre.

Pienso en el remedio y no veo otro camino que cada cual se aplique en su trabajo personal. El contexto social, las empresas periodísticas, la coyuntura económica, el poder…todo empuja hacia un periodismo alejado de sus principios más elementales. Ya era un poco así cuando yo empecé, hace 20 años, pero me da la impresión de que el cáncer va a más y las metástasis se han instalado en casi todos los órganos vitales de la profesión: las fuentes, el derecho a la intimidad, la clausula de conciencia, el secreto profesional, la objetividad, el prestigio social…

Termino con un hecho reciente. Hace unos días me toco seguir una de las primeras sesiones del juicio por la primeras de las 26 piezas del caso Palma Arena. En el banquillo, entre otros, el ex presidente balear y ex ministro Jaume Matas y el periodista Antonio Alemany. A efectos de lo que nos ocupa en este post me interesa mucho más el segundo que el primero porque Alemany dedicó casi 3 horas de su declaración a explicar a quien quisiera escucharle cómo es el periodismo actual. Así, entre indignado y condescendiente, fue confirmando a la sala que él mismo se había ofrecido para escribirle el discurso de investidura a Matas, que el presidente quiso -y el accedió-  que Alemany redactase sus intervenciones a pesar de que el periodista iba a simultanear esa labor con la de columnista de opinión política en el diario “El mundo”, periódico para el que también escribía los editoriales. Explicó Alemany  que en alguna ocasión en sus columnas periodísticas había llegado a hacer comentarios elogiosos de los discursos de Matas. Los discursos que él mismo había escrito. Lo explicó sin otro atisbo de rubor que el de señalar que solo lo había hecho en muy pocas ocasiones (“unos cientos de palabras entre cientos de miles”, dijo) . Y preguntado por el fiscal sobre este último hecho Alemany respondió que ” a ver si no tenía derecho a escribir lo que le diera la gana”. El fiscal se calló, imagino que por vergüenza ajena. Prosiguió el juicio y a Alemany le preguntaron por los 4.000 euros que había cobrado mensualmente a lo largo de los años por sus discursos y por los 270.000 de  subvenciones que había recibido para la puesta en marcha de la Agencia Balear de Noticias, empresa en la que colocó a media familia y cuya puesta en marcha él mismo había recomendado al político popular. Cuestionado por todo ello Alemany respondió al fiscal que eso (lo de las subvenciones) pasaba con todas las agencias de noticias del mundo, que le diese un solo ejemplo de lo contrario, que el periodismo era así  y que él siempre había sido un periodista “rabiosamente independiente”. Hay más detalles en esta crónica del periodista Andreu Manresa que ha seguido la causa minuto a minuto para El Pais.

Podría ser que Alemany fuese  un sinvergüenza aislado. Los hay en todas las profesiones. Y que un político sin escrúpulos  fuese también la excepción. Podría ser, pero no es. Lo sabemos todos pero hay una cierta atrofia social ante este tipo de situaciones. Será que estamos curados de espanto porque el pasteleo viene de muy lejos  pero no deja de entristecerme la nula reacción del personal como si en vez de juzgar a un periodista se juzgase a un mafioso. “El mafioso extorsiona y mata; el periodista manipula y obedece al poder” parece haber interiorizado todo el mundo, incluidos los profesionales de la cosa. Habrá quien en la vorágine informativa no haya tenido conocimiento de esto que estoy contando y habrá habido quien teniéndolo lo haya denunciado, estoy seguro, pero en mi entorno solo he visto un comentario denostando la chulería de  nuestro ¿colega? Antonio Alemany. Lo hizo en Twitter @LourdesPerez-DV, subdirectora de  El Diario Vasco. A cada cual lo suyo. Si ha habido más que yo no haya leído, bienvenidos serán.

Por todo lo dicho creo que nos hemos ganado a pulso la desconfianza, el recelo, la sospecha cuando no el desprecio del personal. Y ya he dejado escrito en este blog que es la confianza el elemento clave de la comunicación. Como no la recuperemos, vamos dados. Ni crisis, ni gaitas. Somos nosotros.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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10 respuestas a Nosotros los periodistas.

  1. Giusseppe dijo:

    Como siempre, lúcido, claro y conciso. Eres todo un profesional… de la información!

  2. alaitz dijo:

    Bat nator zurekin profesionaltasun faltak gure lanbidearen izen ona “irentsi” duela esaterakoan, baina ez dut uste horrek gure lan baldintzekin erlazio zuzenik duenik. Ikusentzuneko komunikabideetan lan egiten saiatzen garenok sektorearen motorea den, ETBren, nagusikeria jasaten dugu, eta bere erabakiek zuzen zuzeneko eragina dute gure lan baldintzetan.
    Amaitzeko, alferrik da ETBk Ardura Sozial Korporatibo kanpaina bat egitea, koherentziak huts egiten badu.
    Eskuminak.

    • Mila esker, Alaitz. Nik uste profesionaltasun faltak bai eragiten duela lan baldintzetan epe ertainera begira. Gure lanbidearen prestigio soziala hutsaren hutsa da uneotan, soka luzeko kontua da hori, eta koinziditzen du aspaldiko lan baldintza okerrenekin. Hori esanda egia da egunerokotasunean beste eragile batzuek gehiago eragiten dutela. Zuk batzuk aipatzen dituzu. Besarkada bat

  3. igor dijo:

    Ona, beste behin, Juan Carlos! Baina esango nuke, profesionaltasun falta hori ez dela zuen ogibidearen monopolioa, zoritxarrez! Eper laburrera begiratezaren ondorioak!
    Bukatzeko, eta atrebentzia ez bada “El fiscal se cayó,…” , ala “El fiscal se calló,…”?

  4. Peio dijo:

    En este parrafo, lo has bordado… resumes la regresion que ha sufrido vuestro profesion….
    “No hay que justificar ni satanizar. Hay que tomar conciencia de implementar un cambio. Hay que tener autocrítica para mejorar.” ( oido por ahí…)

    “Es aquí donde quería llegar. Con cada crónica amarilla, con cada falta de rigor para conseguir una frase redonda, con cada episodio de la denostada pero a menudo practicada sentencia “que la realidad no te aparte de un buen titular”…nos hemos ganado a pulso la desconfianza. Y no ya la del público, que también, sino de las fuentes. Y sin las fuentes somos apenas nada. Si quienes tienen algo que contar no confían en nosotros para que lo contemos tenemos un serio problema. Y, añado, hoy mayor que ayer, porque cada vez esas fuentes disponen de mas cauces (vía blogs, twitter, etc…) para -permitidme un juego de palabras- “contar lo que quieren contar sin contar con nosotros”.”

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