Capitulo 28. Epílogo, despedida y cierre. That’s all folks.

Yo casi nunca me leo los prólogos. En todo caso, si el relato me ha gustado, ojeo el epílogo… aunque ahora mismo no recuerdo ninguno. Por ello, lector, no esperes grandes alardes de éste que tienes entre manos.

Puestos a buscarle una utilidad, el epílogo puede servir para saldar algunas deudas.

-Ahí, ahí…ahora es cuando este tío empieza  largar y nos cuenta lo de los cambios en la ETB, los ceses, las broncas, los…

Error. No va por ahí. No me refería a cobrar deudas sino a pagarlas. Y es que les debo una enorme gratitud al puñado de amigos, conocidos y hasta algún desconocido a quienes asalté hace ya unos meses con el primer borrador de este “2000 Teleberris”. A todos ellos, periodistas o no, los busqué porque los consideraba –y considero- gente con criterio y sentido crítico; y no me decepcionaron. Me hicieron ver que al relato le sobraban  rencor y amargura, ingredientes que he tratado de eliminar en este texto definitivo que, tú, lector, has acabado leyendo. Es mejor así. Gracias a todos y todas por vuestros sabios consejos.

Pero quería añadir una última reflexión. Muchas veces he pensado en qué les haría falta a los informativos de ETB para mejorar, para ser más creíbles, para llegar al mayor número de personas, en definitiva, para acercarse a su cometido final que no es otro que el de informar de la forma más honesta, veraz y atractiva posible acerca de lo que pasa en Euskadi y en el mundo. Hay muchísimos factores que debería mencionar, empezando por las personas –con nombres y apellidos- que hacen esos informativos, siguiendo por los medios de los que disponen y pasando por otros conceptos como el rigor, el aprovechamiento de los recursos narrativos audiovisuales, la modernización del lenguaje, el ritmo, la selección de temas… pero, al final, a mis labios siempre acude la misma palabra: independencia.

Independencia, sí. Porque durante años yo he tenido la sensación (auto-sugestión, pensarán algunos) de trabajar en un medio plural , moderno y abierto que tenia la falta de independencia conmo gran asignatura pendiente. En parte lo sigo pensando aunque tambien considero que, sin ganar independencia, hemos perdido pluralidad. Y,  evidentemente, hablo de independencia respecto al poder político. En ese tema había, hay y me temo que habrá…mucho por hacer. Y no me resigno.  Que el clientelismo ante el gobierno de turno sea una rueda de molino con la que comulgan todos los medios de comunicación públicos  no debe constituir  –como decía un viejo amigo- óbice, cortapisa ni valladar para que los profesionales de esos medios tratemos de reivindicar nuestro espacio, nuestro criterio, nuestra independencia.

A ETB le faltaba independencia.Hoy le sigue faltando. Y le falta cada día más por mucho que se diga que “por fin”  el medio esta en manos de “profesionales independientes”.  Lo siento, pero no lo creo. Y no lo creo porque no lo veo.  Respeto muchísimo a quienes tienen el valor y la capacidad de asumir retos como el de dirigir Euskal Telebista pero no puedo dejar de constatar que – a mi juicio- hemos ido perdiendo el “cierto margen de maniobra” que algunos pensamos haber construido aunque solo fuera para ahogar en él los peajes que en ocasiones –no lo niego- tuvimos que pagar.

-¡Pero si os paga el gobierno¡ ¿qué margen de independencia aspiras a tener? La BBC se autofinancia y por eso es independiente. Aquí el modelo es otro.

De acuerdo. Pero con dos matices. No nos paga Lakua: nos paga la sociedad vasca. Y la sociedad vasca es algo mucho más amplio que el Gobierno Vasco; incluso mas amplio que propio Parlamento. Yo lo resumo en una frase: la papeleta del voto se utiliza cada 4 años, pero “la caja tonta se enciende todos los días”…y  hay mucha mas gente accionado un mando a distancia que acudiendo a un colegio electoral. Por eso es un error tan grave hacer televisión para los políticos  en vez de para los espectadores.  Y segundo matiz: la BBC no es independiente porque se autofinancia, sino que se autofinancia porque independiente. Lo diré de otro modo: el gobierno que quiera poner en valor un medio de comunicación publico lo primero que debe hacer es darle alas y confiar en la capacidad de los profesionales para cumplir con su deber de informar de manera veraz e independiente. Yo todavía confío –cada vez menos, la verdad- en la capacidad del espectador para diferenciar entre un relato periodístico “de encargo” y otro que se  esfuerza por buscar los matices, contradicciones y los diferentes puntos de vista. Creo en el sentido crítico de las personas y en que si eres capaz de alimentar el del espectador, a la larga, este acabara confiando en ti. Y ese es el verbo que hay que conjugar para lograr el éxito en este negocio: confiar. Creo haber escrito en este blog -y si no lo escribo ahora- que la confianza el punto de partida desde el que se construye  eso tan complejo e importante como es la comunicación. La confianza, por cierto, comparte con objetos secularmente considerados valiosos, como los diamantes, el petroleo o el vino,  una característica común:  construirlos es tarea de años;  destruirlos o echarlos a perder es cuestión de días o de horas.   

Y siento ser tan “sentencioso” que dirían los cubanos, pero tengo la desagradable sensación de que  –y ahora no hablo solo de ETB, sino de la profesión- estamos haciendo con la independencia periodística lo mismo que hicimos con la objetividad. Cuando hace casi 25 años me enganché al periodismo la gente todavía creía en ella. A la pobre la fuimos arrinconando poco a poco, como sin darnos cuenta, hasta que llego el día que bajamos la mirada y a dibujamos una sonrisas sarcásticas  al escuchar a alguien apelar a esa vieja dama.

        -Objetividad?  Eso no existe.

Claro que no existe pero de tanto decirlo hemos acabado despreciando primero y renegando después de la que en su momento fue una de las piedras angulares de este oficio. No quisiera convertir este cierre en un sermón pero creo que,como dice el poeta, a veces hay que hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado.  

Ahora sí, termino. Una vez leí en el delicioso blog de Alberto Moyano que ”hay quien rebusca entre sus recuerdos para hacer de sus memorias una sucesión de amnesias” . Durante la confección de este relato esa idea ha cruzado a menudo por mi cabeza porque soy consciente que en mi mirada al pasado he obviado decenas y decenas de episodios en los que he abjurado del periodismo, de ETB y de todo lo que ustedes quieran imaginar. Es esta, por tanto,  una amnesia consciente y meditada para quedarme con todo lo bueno ahora que me toca cerrar el relato de una etapa profesional inolvidable        

Presente más de 2.000 Teleberris. Durante 9 años ininterrumpidos tuve el privilegio de ser uno de los rostros que diariamente miles de ciudadanos vascos ( y algunos más gracias a los satélites y las plataformas digitales) elegían para estar informados.

Privilegio, sí, porque en la sociedad de la imagen aparecer en una pantalla, sea del tipo que sea, abre muchas puertas. En mi caso la puerta que se me abrió fue la de poder hacer lo que realmente me gusta: contar historias y que esas historias lleguen a la gente.

Privilegio, también, porque la inmensa mayoría de las veces estuve muy bien acompañado tanto en la pantalla como fuera de ella. Las maquilladoras se encargaron  de disimular mis ojeras , las peluqueras de estilizar la redondez de mi cara, las chicas de vestuario me vistieron como si el buen gusto para elegir un traje y una corbata fuese una de mis virtudes cuando en realidad era la suya, los productores se encargaron de que todo estuviese en su sitio, los realizadores me enseñaron a sacarle partido a un encuadre o a un gesto en pantalla, los técnicos de audio y video modularon mi voz y hasta el color de mi piel…y así podría seguir unos cuantos  párrafos más mencionando a todos los que  me ayudaron.

En definitiva, lo que quiero decir es lo mismo que dije/dijimos en antena el día de mi/nuestro último Teleberri: “gracias”.

Gracias  a  todos y cada uno de los miembros del equipo de Teleberri y en especial a la inmensa mayoría de mis compañeros de redacción. Hasta aquí la primera edición de “2000 Teleberris”. Gracias por su atención y… su confianza. Hurrena arte. Hasta la próxima. Agur.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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13 respuestas a Capitulo 28. Epílogo, despedida y cierre. That’s all folks.

  1. Leire dijo:

    Ederra. Benetan.

  2. Estefanía dijo:

    Pues no me creo que vayas a dejar de contarnos no sólo lo que pasa y cómo lo ves, sino también cómo viste lo que pasó. Ha sido un relato tan interesante como dinámico, y a mí me has hecho recordar, reflexionar y conocer una parte de los entresijos acontecimientos que han pasado al imaginario colectivo de una sociedad.
    Comparto esas ideas sobre el estatuto ideal de la televisión pública y me gustaría felicitarte no sólo por tu tarea al frente de esos 2.000 Teleberris sino por la actual, y por tu honestidad a la hora de compartir tu visión del periodismo y la televisión actual.
    Un placer seguirte leyendo…

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  4. Izaskun dijo:

    Yo no pertenezco al mundillo del periodismo, soy sólo una espectadora que se sienta a que le cuenten lo que pasa, sobre muchos temas sin mucho criterio (a veces a conciencia, porque tal vez no me interesan o me desesperan y yo lo elijo así, que estoy en mi derecho), que aunque pueda pecar de ingenua en muchas cosas, sé que la objetividad es imposible, siempre partimos, al menos, de nuestros condicionantes y vivencias que nos sitúan ya en un punto de salida y no en otro… pero creo en los intentos de serlo (lo más objetivos posible), en la honestidad, y también en el instinto que me dice “esto esta bien, de ésto y sabiendo los matices, me fío…” Y de ti me fiaba… y te agradecía -y agradezco- esos guiños cómplices con el espectador. Y ahora, después de ir leyendo tu experiencia, las cosas que hay detrás, y lo que piensas tú de ellas, pues me fío más… Me ha gustado mucho lo que has contado y cómo lo has hecho… está claro que te gusta contar historias y que lo haces con gusto y bien… seguiré atenta a lo que quieras compartir. Gracias por hacerlo, me parece valiente y generoso. Un saludo

    • Muchas gracias, Izaskun. Después de haber explicado en el blog la altísima importancia que le doy a la palabra “confianza” en mi profesión, entenderás que me sienta muy halagado cuando te escucho decir “yo me fiaba de tí”. y gracias otra vez porque… ¡qué sería de los que nos gusta contar historias si no hubiera nadie para escucharlas¡

  5. Edu Araujo dijo:

    Un buen punto y final. Esperemos todo lo que está pasando sirva para rehacer un modelo de tv pública que reúna esas cualidades -independencia, rigor, honestidad-. Y que cuando cambie el signo del gobierno hayamos aprendido lo suficiente como para que se pueda poner en marcha. Respecto a las teles privadas… no dejan de ser una concesión pública y tampoco deberían quedar exentas… Lo que está claro es que nos llega mucha doctrina y poco periodismo.
    A ver, a ver si van llegando esos comentarios de actualidad al blog. Temas apasionantes hay y se hecha de menos más reflexión de la que nos deja twitter.

  6. Germán dijo:

    Enhorabuena Poto amigo por el trabajo realizado. El contar bien tu experiencia engrandece aún más (los cursis de ahora dirían que “has puesto en valor”) el desempeño tan profesional que has desarrollado a lo largo de estos años poniendo la “jeta” (y otras cosas más) en el Teleberri. Como intuíamos hace tiempo, tu relato podía interesar a muchísima gente fuera del gremio de los periodistas y de los allegados. Conocer las tripas de un informativo de televisión con todas sus presiones, sus condicionantes… resulta (has hecho que resulte) apasionante.
    No es cuestión idealizar épocas pasadas, porque ETB sigue siendo, como lo era antes, más un medio gubernamental que público (baste recordar dónde han terminado los diferentes directores generales que han pasado por esa casa) pero, y en eso estoy de acuerdo contigo, los periodistas tienen que seguir reclamando su independencia respecto a los políticos máxime en un medio público como la ETB. Tu trabajo del día a día es la muestra de esa lucha. Te animo a seguir con el blog contando tus experiencias. Un abrazo

    • Muchas gracias, majete. Sabes que una parte muy importante de los agradecimientos que contiene este post son para tí. Te tomaste mucho tiempo leyendo y repasando el original y te lo agradezcode corazón. Por otro lado, suscribo cada linea de tu comentario. Hasta pronto.

  7. El jukebox dijo:

    Repito lo que ya escribí en otro lado: llámame patriota de mierda, pero me gusta que los mejores estén en el sistema público, me da igual que hablemos de la Sanidad, la Universidad, el sistema educativo o la ETB. Todos estos posts han sido un canto, no al periodismo bien hecho -que también-, sino a algo mejor: el empeño por hacerlo.
    Gracias por la mención, pero me equivoqué al escribir que ”hay quien rebusca entre sus recuerdos para hacer de sus memorias una sucesión de amnesias”. En realidad, todos lo hacemos constantemente.

    Saludos

  8. Pingback: Cuando dejan de serlo. | Once upon a time in the web

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