Capítulo 25. Buscando a Miss Palin

En octubre del 2008 Estíbaliz se reincorporó  a Teleberri y lo hizo -no lo digo sólo yo- más guapa que nunca. Hizo su reentré con un favorecedor corte de pelo bastante parecido al que todavía tiene, pero sobre todo  con un  empaque y una serenidad que solo adquieren las personas que superan enfermedades y situaciones como la que ella superó. Fue una enorme alegría para todos y un balón de oxígeno para mí. Seguí corriendo por los pasillos a las 15:55, pero el resto de la jornada pude tomarme las cosas con más calma.

Pero aunque yo estaba feliz había algo que me daba vueltas dentro: la proximidad de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Llevaba más de 3 años sin salir de plató y tenía unas ganas enormes de volver a sentir ese estremecimiento que produce poder asistir –y poder contar-  acontecimientos que dentro de unos años leeremos en los libros de historia.

Con cierta “diplomacia vaticana” al principio y abiertamente después hice llegar a mis jefes mi total disposición a repetir como enviado especial. No crean que dijeron que sí a la primera, pero al cabo de unas semanas -y probablemente a raíz de circunstancias que no vienen al caso-  me dieron el OK.  Lo de “el que no llora, no mama” es una gran verdad.

Lo primero fue tramitar un visado de trabajo en la embajada de Estados Unidos en Madrid. En 2002 no lo solicitamos y estuvimos a punto de volvernos a Iurreta nada más aterrizar  en Nueva York cuando –orgulloso y emocionado- uno de los miembros de nuestra expedición le comentó al amable agente de aduanas que “él venía  a trabajar para la Radio Pública Vasca con motivo del primer aniversario del 11-S”. A los demás alguien nos había avisado que debíamos decir que íbamos de turismo o a visitar a una amiga (a tal efecto llevábamos convenientemente apuntada la dirección de Olatz Arrieta en Queens) pero nuestro colega radiofónico y hoy televisivo, Mikel Repáraz,  no estaba sobre aviso. Cuando el de la aduana le oyó decir la palabra “trabajar” cambio el semblante y -siguiendo el protocolo- pidió ver su visado de trabajo. Mikel enseguida se dio cuenta de que se había metido en un jardín

-Ehhhhhh…well, it’s not exactly working

“Ehhh…bueno, no es exactamente trabajo”, improvisó Mikel. “Son…colaboraciones”. La verdad es que después de haber dicho todo ufano que iba a trabajar en la “Zona 0” , lo de las colaboraciones sonó muy poco creíble.  Estuvimos en el JFK Airport media hora larga esperando todo tipo de comprobaciones hasta que finalmente nos dejaron pasar. El resto del viaje del 1º aniversario del 11-S lo pueden leer en el capítulo 16.

Lo que les decía. Como no queríamos repetir la experiencia nos desplazamos a Madrid para obtener el visado. El trámite tiene su aquel. Hay que realizarlo personalmente en el día y la hora señaladas  en la embajada estadounidense de la calle Serrano. Si usted no puede acudir, no viaja a Estados Unidos. Así de sencillo. Para entrar a la embajada no hay que ponerse en pelota picada pero poco le falta: nada de móviles, nada metálico, scanner de arriba a abajo y en general unos modales que desde el primer minuto dejan a las claras quién es el que manda allí: allí mandan ellos;  lo mismo que en el resto del mundo.

Nos concedieron la visa en apenas 15 minutos, esta vez sin preguntas capciosas. Lo digo porque con motivo del anterior viaje a las elecciones estadounidenses, en 2004, también tramitamos el permiso de marras y me toco lidiar con un funcionario que, o bien era de la CIA, o bien estaba aburrido. Me hizo un tercer grado en toda regla, y no precisamente en castellano: in english, of course.

-¿Cuántas veces ha viajado a Estados Unidos?

-Pues esta será la tercera.

-Usted viajó en 2002. ¿Cuándo viajó antes?

-Pues no lo recuerdo…tendría unos 12 años.

-No tenemos constancia de ese viaje, señor.

-Bueno…viajé a Estados Unidos desde Venezuela.   Fuimos a Miami y Orlando. A Disneyworld, sabe usted.

         -¿Desde Venezuela?

-(Mierda…) Sí…bueno, mis tíos vivían allí…Ahora ya no…

-Ya veo…Y…dígame, ¿le interesa la política estadounidense?

-Sí, me interesa.

-¿Por qué?

 -(No te jode, porque sois los que mandáis. No,  eso no lo dije) Bueno, como periodista me parece importante estar al tanto de la situación política de un país que es clave en las relaciones internacionales.

       -Aja…¿Y quién cree que va a ganar?

-Ni idea…si lo supiera tal vez me dedicaría a otra cosa como asesor electoral o consultor de empresas, ¿no cree?

      -Sure, sure…

Y acompañó estas últimas palabras con una amable y prefabricada sonrisa, antes de voltear el formulario que tenía delante, colocarlo en un enorme montón de papeles e indicarme que dejase paso al siguiente. Bueno, por lo menos me dieron una visa válida para 3 meses.

En 2008 todo fue mucho más fácil y además –sin pedirlo- nos tramitaron un visado válido para 5 años. Lo digo por si alguien necesita un enviado especial de repuesto para las elecciones del 2012 o para lo que se tercie. Pueden localizarme en este mismo blog.

Para cuando fuimos a Madrid a cumplir con el papeleo ya teníamos repartidos los otros papeles, los verdaderamente importantes. Como yo había seguido a Bush en 2004 volví a encargarme de los republicanos. Lo primero que hice fue preguntar en producción dónde iba a celebrar John McCain la noche electoral.

   -En Phoenix. Es senador por Arizona.

Phoenix. Arizona. Desierto. Ruta 66. Oeste. El Gran Cañón. Genial. Y en Arizona en esta época del año hace…!25 grados¡ “November, best time for Arizona”,  Lonely Planet Guide dixit. ¡Qué más podía pedir¡.

Que conste que el anterior panegírico esconde un irrefrenable sentimiento de sana envidia por el otro destino posible de aquel viaje, el que recibieron Maribel Aizarna y Vanessa Sánchez: Chicago, o sea, Obama.

Los medios de comunicación habíamos pasado más de ocho meses haciendo un seguimiento casi diario de las primarias que enfrentaron a Barack Hussein Obama y Hillary Rodman Clinton. Finalmente  el senador por Illinois ganó la partida y fue proclamado candidato de su partido. Su “Yes We Can” se convirtió en un eslogan mundial.  Revistas y periódicos de todo el mundo le dedicaban  portadas y suplementos. ¿Alguien dudaba que Obama iba a convertirse en el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos ? Yo no. En cualquier caso los republicanos habían elegido a John McCain como candidato a la presidencia y ETB me había elegido a mí para que le siguiese durante los tres últimos días de campaña.

Héroe de Corea, casado con una millonaria, setenta y tantos años, de intachable trayectoria política pero poco mediático, McCain no parecía tener muchas opciones. En cambio empezaba a llamar la atención su partenaire/candidata a la vicepresidencia, la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, un animal mediático con idéntica facilidad para meter la pata que para sacarla. Ellos eran “los mios” así que me puse las pilas acerca de sus trayectorias políticas y sus perfiles personales con la inestimable ayuda de las chicas del servicio de documentación de ETB que, una vez más, nos prepararon el informe más completo que ustedes puedan imaginar sobre los candidatos, la campaña electoral y la situación socioeconómica de Estados Unidos. Un lujazo.

A Phoenix volamos Oihane Yustos de Euskadi Irratia, Aitziber Astondoa de producción de ETB y servidor. El trayecto, barato, pero largo, como correspondía a aquellos meses en los que ya se barruntaba la crisis económica. Hicimos Bilbao-Bruselas-Chicago-Phoenix. Unas 15 horas de viaje,  si no más.

Nada más llegar a Phoenix y visitar el cuartel general de los republicanos se disiparon mis        

últimas dudas  sobre la segura victoria demócrata. En un edificio cualquiera de un barrio cualquiera, muy alejado del centro financiero de la ciudad, un grupo de apenas 30 voluntarios tiraban de teléfono pidiendo el voto para  John McCain. La media de edad rondaba los 70 años  y, sin embargo, la principal foto de McCain en aquella oficina era una instantánea  en blanco y negro y  a tamaño natural de cuando el senador era piloto de aviación en Corea. En la foto McCain parecía el Tom Cruise de Top Gun, sonriente, irresistible…lástima que la foto tuviese más de 50 años. Aquello era Mc Cain, un quiero y no puedo.

En la oficina la actividad de sus partidarios, desprovista de todo entusiasmo, teñía el ambiente de una mal disimulada resignación. Frente al “fenómeno Obama” aquello parecía un erial. Yo hablaba todos los días con Maribel Aizarna que seguía a los demócratas en Chicago y me contaba que en las calles había una especie de efervescencia política y social, un entusiasmo, una energía que en Phoenix no notábamos ni por asomo. Maribel me contaba las ganas de hablar que tenía  la gente, sobre todo los negros, en las calles de Chicago;  yo le hablaba de una ciudad plana, pulcra y enorme en extensión, carente de vida en las calles y en la que a nadie parecía importarle que un “vecino” fuese a disputar nada menos que la presidencia de los Estados Unidos.

El viaje dio mucho de sí. Por ejemplo hubo ocasión de conocer a uno de los chicos del “Caiga quien Caiga”.  Aparecieron cuando estábamos en el cuartel general republicano  y –qué casualidad- su cámara había trabajado conmigo como freelance en la corresponsalía de  ETB en Madrid. Se quedaron tan alucinados como nosotros de lo cutre que era aquello.

Bien diferente resultó el “election night set” , el lugar en el que se organizó la fiesta de fin de campaña y el speech final de McCain y Palin. El senador se puso sentimental y decidió llevarnos al Biltmore resort, el hotel de lujo en el que se declaró a su esposa. Aquel lugar estupendo y romántico,  plagado de gigantescos cactus fue literalmente invadido durante 4 días por medios de comunicación de todo el mundo que nos entrevistábamos unos a otros cuando nuestros jefes nos encargaban que en las cronicas recogiésemos las opiniones de otros periodistas.  Oigan, a mi sin ir mas lejos me entrevisto una televisión de Taiwan; en algún archivo de algún lugar del mundo estará mi sesudo (ja, ja, ja) análisis sobre qué iba a ocurrir al día siguiente. El Biltmore Resort  me pareció maravilloso. Estuvimos  encantados, sobre todo teniendo en cuenta que mientras paseábamos entre jardines a 25 grados, Maribel y compañía pasaban la noche al raso a bajo cero en un parque de Chicago. Mientras, en Euskadi, me contaban los de casa,  llovía, granizaba y hasta nevaba aquella primera quincena de noviembre del 2008.

                 En Phoenix coincidí   con Rosa Mollo, de TVE y con Helena Resano (¡qué guapa al natural!)de La Sexta. Los directos los hicimos una vez más apelotonados en unas gradas repletas de cámaras y focos,  hombro con hombro unos con otros.

El punto de directo era una enorme sala cuadrangular enmoquetada con dudoso gusto y reservada exclusivamente a la prensa extranjera. 

Mientras a los europeos nos tenían allí metidos, los medios americanos hacían sus directos desde los exteriores frente al escenario presidido por una gigantesca bandera de barras y estrellas que se usaría como estrado para el discurso de despedida de los republicanos.

En aquella sala de marras estrené una nueva aplicación que nos habían preparado los chicos de informática y que los directivos de la casa ya llevaban meses utilizando:  un acceso directo vía internet al guión del informativo. Con aquella aplicación pudimos leer desde el portátil los textos que los presentadores habían escrito para darnos paso e incluso llegamos a escribir en la escaleta los textos que –más o menos- íbamos  recitar/contar durante el directo. Eso permitió a los realizadores acompasar las imágenes de forma muy precisa con lo que estábamos diciendo. Una aplicación que -por cierto- todavía no entiendo por qué pudimos usar en las elecciones de USA y no en el directo de la feria de Ordizia o en el rescate del Motxo.

Lejos de la “locura Obama” los candidatos republicanos resultaron ser sorprendentemente accesibles. El día de las elecciones McCain acudió a su colegio electoral, una iglesia prefabricada  muy próxima a nuestro hotel. Es cierto que media hora antes de su llegada un grupo de agentes de seguridad cachearon uno

              

por uno a todos los que hacían cola para votar en aquel momento, pero una vez que apareció McCain tuvimos la ocasión de verle muy de cerca. Las fotos y el video (que grabé para enviarselo a mis hijas, de ahí el estilo mas bien “de cachondeo”) están hechas con una cámara digital (la mía) de 90 euros así que estuvimos realmente a menos de dos metros del senador y de su rubia esposa. Por cierto, impagable la fauna que se acercó al colegio electoral para animar a su líder. Les dejo algunos ejemplos. 

  

Pocas horas después de la votación y el recuento McCain reconoció su derrota con un discurso, por cierto, brillante. Algunos analistas dijeron con mucha sorna que su alocución final tras perder las elecciones había sido lo mejor de su campaña. Por la diferencia horaria nosotros teníamos el último directo a las 5 de la mañana hora de Phoenix (14:00 hora de Euskadi), así que llegamos al Biltmore en mitad de la madrugada cuando el personal ya se había ido a dormir.  Junto al enorme escenario nos permitimos algunas licencias y encontramos en el suelo estas pegatinas. Indicaban a cada cual (Mc Cain, Palin y sus respectivos esposa/esposo) dónde tenían que colocarse  exactamente para que el encuadre de las televisiones fuese el correcto en el discurso final. Todo espontaneidad. Y como eran las 4 de la mañana, allí no había nadie y ya he dicho que soy muy mitómano, me llevé las pegatinas de recuerdo.

                         

Entre el directo de Teleberri 1 y el de Gaur Egun 2 teníamos 5 horas y nada que hacer, porque el pescado (resultados etc…) ya estaba vendido. El resort quedaba alejado de todo y decidimos darnos una vuelta por sus instalaciones. Cual sería nuestra sorpresa cuando a las 9 de la mañana -hora de Phoenix- nos encontramos en el hall a Sarah Palin. Mi experiencia en políticos y noches electorales me lleva a concluir que, tras la victoria inapelable de Obama, la presencia de la gobernadora de Alaska no era baladí. A pesar de la derrota, a pesar de haberse acostado no antes de las 3 de la mañana, a pesar de que su jefe había anunciado a la prensa que iba a estar missing hasta nuevo aviso ( o precisamente por eso) Sarah Palin se dejaba ver por el resort sonriendo a diestro y siniestro y atendiendo amablemente a cuantos medios de comunicación se le acercasen. ¿Saben qué pensé?

-Probablemente será verdad que no sabe ni donde esta Panamá, pero la tía tiene un par de ovarios.

 Miss Palin atendió a varios medios; a los que tenían cámara, claro. Viene esto a cuento de un debate que sigue pendiente en ETB. ¿Es caro mandar un cámara a este tipo de eventos para que acompañe al enviado especial que va a hacer los directos? ¿Es caro proporcionar al periodista la posibilidad de grabar, editar y enviar videos? Si el enviado especial tiene que hacer los directos ¿va a tener tiempo de hacer algo más? Entonces, ponerle una cámara ¿no es tirar el dinero? Y si al final, por lo que sea, no encuentra nada interesante ¿cómo justificamos el haber enviado o contratado a un cámara?

Probablemente contratar o enviar una cámara sea caro pero no hacerlo puede suponer perderse muchas cosas interesantes, precisamente el tipo de cosas que permiten marcar diferencias entre unos medios y otros.  En Phoenix tuvimos la oportunidad de entrevistar a Sarah Palin y nos tuvimos que conformar con ver como lo hacían los compañeros de La Sexta. Es evidente que la candidata republicana a la vicepresidencia no nos habría proporcionado ninguna exclusiva pero, por puro marketing, la “foto” de Miss Palin ante el micrófono de ETB habría tenido muy buena venta.

¿Y darle al periodista una handycam (pequeña cámara de mano) y decirle que la use? Técnicamente es factible. De hecho, todo el material gráfico de este post está grabado con una cámara de fotos normalita tirando a mala. Seguramente esta es la propuesta más conveniente para la empresa pero ahí entramos en otro terreno de debate. Veamos. Yo defiendo que los periodistas pongamos en valor nuestro trabajo. Lo diré de otro modo: si aceptamos grabar nosotros mismos las imágenes, y montarlas, y colgarlas en internet y hacer los directos…que nos lo paguen, de lo contrario estamos devaluando nuestro propio perfil profesional e invitando a las empresas a pagar “duros a peseta” o “euros a céntimos”.

Un par de chascarrillos más antes de abandonar Arizona. ¿Saben a dónde se fue Miss Palin tras atender a los medios? ¿A la casposa sede del partido Republicano de Phoenix? ¿A analizar las consecuencias de la derrota con los mandamases de Washington? ¿A seguir gobernando Alaska? No. Se fue a la piscina…y nosotros  (Aitziber, un compañero productor de TV3 y yo) tras ella dispuestos a hacernos una “afoto” sentados en la hamaca junto a la estrella republicana. Y lo hubiéramos hecho de no haberse cruzado en nuestro camino un par de armarios roperos que nos indicaron que Miss Palin deseaba descansar junto a su familia y no quería ser molestada. Hicimos caso -¡qué remedio!- pero cuando se alejaron volvimos a acercarnos. Cámara en mano cual avezados paparazzis nos apostamos tras los setos que rodeaban la piscina dispuestos a inmortalizar a la gobernadora en bikini. Y en esas estábamos cuando apareció, lo juro, el padre de Anjelina Jolie, John Voight, un tipo de casi 2 metros con la voz más profunda que he oído en mi vida y declarado militante ultrarepublicano

        -Hello guys. What’s up…

Aquello fue el remate.

        -Hala, vámonos antes de que nos llamen los de “Aquí hay tomate”

Y hasta aquí la aventura sureña. Bueno, lo cierto es que hubo algo más que no tiene nada que ver con lo profesional pero que probablemente merece la pena ser contado. Un buen amigo me había hecho un encargo:

        -Unas botas de piel de serpiente.

        -Mira, no te prometo nada. Ya me las encargaste el viaje anterior y no pude

 Empecé a buscarle las botas por toda la zona comercial de Scottdale. Nada. Imposible. Así que le puse un sms.

      -“No encuentro botas. Sorry”

Y me olvidé del tema. Pero a las dos horas recibí otro sms.  Era una dirección.

–  9201 N 29th Ave, Metro Marketplace, Phoenix.

!Lo que hace San Google sabiendo usarlo¡. Me cogí un taxi y me fui para allí. La carrera costó casi lo mismo que el encargo pero al llegar me encontré un almacén con botas para calzar a todo el séptimo de caballería del general Custer. Y la sonrisa de suficiencia de la dependienta cuando le pregunté si tenían botas de piel de serpiente no se me va a olvidar:

-Las quieres de tripa o de lomo.

 -¿Cómo dices? -De tripa o de lomo. Las escamas de la tripa son mas grandes y las del   lomo más pequeñas y más juntas. El aspecto de la bota es muy diferente según la piel. ¿Ves?

 -Pues…

 -Y luego el color…Son todos naturales. Serpiente  blanca, negra, roja..

 -Pues…mire. Déjeme pensarlo.

De pensarlo, nada. Lo que vino a continuación fue toda una experiencia tecnológica. Saqué el móvil, fotografíe el primer par de botas de la hilera, escribí un sms “¿te gustan estas? , y lo envié con la foto como archivo adjunto a mi colega. Repetí la operación con otros dos modelos y esperé la respuesta.

-Piiii, piiiii…. “M gustn ls sgndas …”

-Hecho. Oiga, señorita…póngame esas, las segundas.  Y gracias por todo

Y aquí tienen ustedes las botas:          

Para acabar y ya metidos ya en confidencias tengo que agradecer a los chicos de producción que me permitiesen echar mano de un día de mis vacaciones y retrasar el regreso a Bilbao 24 horas más. Gracias a ellos, al día siguiente,  me dí uno de los mayores gustazos de mi vida: alquilar un deportivo descapotable y cruzar Arizona, primero por el desierto y después por las montañas de Sedona, hasta llegar al Gran Cañon del Colorado. Casi 1.000 kilómetros entre ida y vuelta  por carreteras interminables próximas a la ruta 66  a través de  uno de los parajes naturales mas espectaculares que he visto jamás y que recomiendo visitar. Sólo me faltaron dos cosas: el CD/MP3 de Bruce Springsteen que había preparado para la ocasión y que -!maldición¡-me olvidé encima de la mesa de mi casa…y alguien con quien compartir aquella maravillosa excursión. Todo no se puede así que me conformaré con colgar aquí mi canción favorita del Boss   y compartir con vosotros este puñado de fotos… aunque sea con un par de años de retraso.

           

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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13 respuestas a Capítulo 25. Buscando a Miss Palin

  1. Estefanía dijo:

    De los peores momentos que recuerdo, aquellos en los que la rabia y la impotencia te suben por la garganta y no te dejan apenas respirar, uno en la frontera entre los México y los Estates. Ciudad Juárez y El Paso, Tx. El funcionario algo-así-como Michael Ramírez intentando tangarnos diez euros de más en el visado, interpelándonos en inglés para marearnos más todavía, y la sensación de estar en manos de tarados insensibles. Ante las administraciones gringas, de verdad que es un alivio saberse europea.
    Así que el episodio del tercer grado en la embajada no sorprende demasiado. Ni tampoco el Mikel Reparaz incident. Los chicos del Tulipán están demasiado acostumbrados a que nadie les tosa.
    Con todo, de tu relato me quedo con la crónica extra-periodística. ¿De verdad que compraste las botas con la ayuda del móvil?
    Muchos frentes abiertos, y un relato delicioso. Te seguiremos leyendo hasta que tú quieras…

    • El que mejor puede confirmar lo de la compra de las botas a traves del movil es su dueño. Como sé que se suele dejar caer por aquí (y ademas le avisé que iba a incluir la anécdota) espero que él mismo lo corrobore e incluya la foto de las botas de marras. Saludos.

  2. rexi dijo:

    Oye Juancar que para los exteriores con que os lleveis cualquier prtatil de los que tiene produccion y una conexion a Internet, os enchufais a las escaletas, lo mejor es que lo comentes con la gente de prod.

    • Tomo nota. Pero ten en cuenta varias cosas:
      1-Mucha gente de redaccion no sabe ni que existe esa posibilidad porque nadie se lo ha dicho.
      2- Hay quien va a necesitar un minimo de formación para usarlo
      3-En corresponsalias no tenemos esa posibilidad (no hay “produccion”)
      4-Esa opcion debería funcionar “por defecto” para que fuese calando entre el personal.

  3. Edu Araujo dijo:

    Genial!. ¿Por qué no hay un programa dedicado a ilustrar el trabajo de la tele (especialmente este tipo de making of de informativos) con crónicas cómo esta?. He disfrutado leyendo y resulta imposible no hacer volar la imaginación para veros agazapados detrás del seto de la piscina 😉
    La primera vez que visité los USA llegué a Los Ángeles tarareando “It never rains in southern California” y me cayó un aguacero mientras esperaba un taxi en el aeropuerto… Un gran país. Grande por la diversidad, que lo mismo ratifica los tópicos que los destroza. Paradigma de lo bueno y de lo malo del sistema que nos gobierna.
    Hablando de paradigmas: el flequillo de la Sra. Ruiz de Azua es lo más “flequillo” que conozco. Yo también me alegro de su vuelta. 🙂

  4. Mikel Reparaz dijo:

    La verdad es que tu post me trae muy buenos recuerdos. Pero tengo que hacer una nota a pie de página a propósito de la anécdota del visado en el aeropuerto JFK. Igual que el equipo de ETB, yo (por aquel entonces corresponsal de la radio en Bruselas) me disponía a entrar en EEUU con una “visitor visa”. Sin embargo, a diferencia de vosotros, yo venía de Sudáfrica, donde había estado cubriendo una cumbre y haciendo reportajes. Como me habían avisado con pocos días de antelación de que tenía que ir a Nueva York, no tuve tiempo de conseguir el visado tipo “i” en el consulado estadounidense de Johannesburgo. Pero ya había comunicado a las autoridades que viajaba a EEUU a cubrir el primer aniversario del 11-S. Y ahí viene mi puntualización. A diferencia de Israel o Irán, en EEUU no es necesario acreditarse en el ministerio de turno para poder desarrollar la labor periodística. Sin embargo, es recomendable obtener un visado tipo “i” (visado de periodista, no de trabajo). Yo sólo lo he utilizado en dos ocasiones (para cubrir los actos electorales de Bush en 2004 y de Obama en 2008). De ahí que, a la llegada al JFK, no hubiera ocultado mi condición de periodista y mis intenciones al agente de inmigración.

    Por cierto, en 2008 a muchos periodistas nos llamó la atención la facilidad con que las autoridades consulares de EEUU (con un George W. Bush saliente ante las Presidenciales que ganaría Obama) expedían visados tipo “i”… ¡para nada menos que cinco años!

    • Oportuno comentario , Mikel. No tenía ni idea que venías de Sudafrica y que habías comunicado a las autoridades USA en la embajada/consulado de aquel pais que ibas a trabajar en NY esos días. En ese caso, lógico que lo dijeses en la aduana. Y tampoco sabía que el visado que nos dieron en 2004 y 2008 era tipo “i”, es decir, específico de periodistas y no obligatorio. Gracias por las aclaraciones que serán convenientemente incorporadas al relato si, algún dia, hay versión-papel de “2000 Teleberris”.

  5. Estefanía dijo:

    No se me ocurre mejor guía para no perderse en el entramado de visas, permisos, papeleo y burocracia “aduanística” que Mikel Reparaz 🙂

  6. Pingback: Los números de 2010 | Once upon a time in the web

  7. iban ugarte dijo:

    JuanCar!! La crónica que más me ha gustado de las escritas hasta ahora!!! Pero me dejas que te corrija una cosilla?? Es Senador McCain, no McCaine que es como lo escribes durante todo el texto. Fíjate en los carteles. En cualquier caso, eskerrik asko benetan por estas crónicas que siempre sacan una sonrisa!! Mertzi!!!!

  8. mendi dijo:

    post Polita

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