Capítulo 24. Fume usted, Don Santiago.

En septiembre del 2007 se produjo el traslado a Bilbao. Estrenábamos nuevos decorados, sintonías, imagen, iluminación, cámaras…Todo nuevo excepto, curiosamente,  el pedal de teleprompter que hasta entonces se manejaba desde el interior del control de realización y que en lo sucesivo deberíamos manejar los presentadores con nuestras propias manos, digo, con nuestros propios pies.

El pedal en cuestión era (y es) de hierro macizo, pesa como un demonio y, entre tanta virguería digital me pareció un autentico ladrillo. Estuve indagando un poco hasta que me enteré de que el instrumento en cuestión  se había comprado 12 años atrás pero nunca se había usado porque –como ya he contado- el teleprompter lo manejaban primero lo becarios y más tarde los ayudantes de redacción. Se ve que había que optimizar recursos.

Así, con todo nuevo menos el pedal, arrancamos una nueva época en los informativos de ETB.

Abandonamos el decorado virtual y enseguida los comentarios positivos de los compañeros y hasta de los espectadores nos dieron la medida del error que había sido funcionar durante siete años con un decorado virtual

        -Estáis mucho más guapos, más jóvenes. ¿Os han cambiado el maquillaje?

        -No, es el mismo, lo que ha cambiado es el decorado. Ya no es virtual y no estamos rodeados de un pegote verde fosforito

          -Ah…pues salís mejor. Y el traje azul nuevo que llevas es muy chulo

         -Gracias. No es nuevo. Es el mismo que el año pasado. Es que sin decorado virtual los colores son más nítidos.

       -Y a Estíbaliz le han cortado el pelo.

      -Pues tampoco.

Después de tantos años en virtual yo había decidido regalarme a mí mismo la posibilidad de trabajar en decorado real. Además me apetecía estar en un momento  histórico para ETB porque la nueva sede y la digitalización eran ciertamente dos hitos en la historia de la televisión autonómica vasca.

Sin embargo, yo tenía muchas dudas sobre si quería seguir presentando Teleberri, y Jaime Otamendi lo sabía. Lo habíamos hablado justo antes del traslado y yo me había comprometido con él sólo hasta Navidades del 2007.

Las razones eran muchas,  pero todas tenían que ver con el miedo a lo desconocido. Soy un tipo ultra-conservador en el sentido estricto (no sociológico) de la expresión. Los cambios me ponen muy nervioso. Extraña circunstancia para alguien que  disfrutaba haciendo cada día 48 minutos de información en directo, un formato que si por algo se caracteriza dentro del mundo de la televisión es por su flexibilidad y su mutabilidad. Algún psicólogo me podría decir que bajo una pose profesional se esconde una personalidad  tremendamente insegura y seguramente tendría razón pero como, en general, desconfío de los psicólogos me limitaré a  decir que soy más segurola que Jabo Irureta cuando entrenaba a la Real.

No sabía si me adaptaría a pasar todos los días cerca de 3 horas en el autobús Donostia-Bilbao. Además el edificio (qué grande, qué bonito, qué la leche) me parecía –y me parece- un hangar de aviación o una terminal de aeropuerto en lugar de una redacción.

 Enorme, frio, impersonal, allí puedes pasar el día sin hablar con nadie. La conversación del compañero/a de enfrente suena siempre lejana por culpa de los 9 metros de altura que tiene la nave, lo que hace que el sonido se pierda. No puedes sacar dos botellas de vino y unos platos de jamón para celebrar un cumpleaños o la despedida de un compañero, no puedes tomarte un café mientras escribes,  nadie grita,  nadie  corre ni se caga en lo más barrido. Un lugar aburrido y magnífico para trabajar,  que es de lo que se trata, no?

Puede que, como ya he dicho,  yo sea un nostálgico ultraconservador pero creo que buena parte de la frescura, la creatividad y eso que los ejecutivos llaman “las sinergias” surgen en un ambiente de cercanía que nada tiene que ver con el que propician estos nuevos edificios y si otros espacios como el de Iurreta o el de Miramón.

 A cambio se ganan otras muchas cosas como buena imagen,  posibilidades de desarrollo antes vetadas por falta de infraestructura y eso que llaman   posicionamiento estratégico.  Cada cual que haga su balance. Yo creo que una redacción de informativos y  su organización material deben favorecer el contraste de opiniones y juicios, la crítica, el comentario, la pincelada, el contacto entre profesionales. Debe ser el foro, en sentido clásico, en el que los veteranos hablan con los novatos y unos aprenden de otros. Sinceramente creo que en ETB aparcamos eso -al menos para una larga temporada-  el día que cambiamos Iurreta por Bilbao.

Y en estas cavilaciones estaba yo (porque tres horas diarias de autobús dan para eso y mucho más, por ejemplo, para escribir este anecdotario) cuando la vida, que es lo que transcurre mientras nosotros creemos saber qué pasara mañana, decidió que todo aquello no eran más que tonterías.  Estíbaliz estaba enferma. Tenía cáncer.

Ustedes conocen a la Estíbaliz de la tele. Yo soy más afortunado porque además de a una estupenda profesional conozco  a una chica tenaz, positiva, capaz de luchar por su vida y su familia en medio de circunstancias que a mucha gente le resultarían insoportables. No hace mucho en una entrevista en la que le preguntaron por su trayectoria en ETB me dedicó un bonito cumplido. Dijo que yo le había enseñado casi todo lo que ella sabe de televisión.  Si dejamos al margen la actitud, presencia, confianza, profesionalidad, rigor, serenidad, fotogenia, conocimientos, reflejos, background, capacidad de análisis que demostró desde el primer día ¿sigo?…lo demás puede que se lo haya enseñado yo. Además todo lo que haya podido aprender conmigo es irrelevante en comparación con lo que yo he podido aprender de ella porque el Teleberri dura 45 minutos y las cosas que Esti me ha enseñado – no sólo con sus palabras, sino con sus actos- no necesitan de reciclaje o formación continua; tienen vigencia para el resto de mi vida. Eskerrik asko, Esti. Y una cosa más: ¿saben qué es lo mejor de escribir esto? Saber que ella lo puede leer. Sin embargo en el momento que les estaba relatando,  finales de octubre del 2007, eso era algo que nadie, ni los médicos,  podía garantizar al 100%.

Esti se marchaba como mínimo un año. ¿Y yo? ¿Quería seguir? ¿Podía hacerlo yo sólo? No tardé mucho en encontrar respuesta a esas preguntas porque pocos días después  Jaime Otamendi me las formuló personalmente en su despacho.

Yo ya me había enfrentado a un Teleberri en solitario en los veranos de 1999 y 2000  e incluso durante alguna ausencia prolongada de Esti pero no suponía lo mismo hacerlo ocasionalmente que plantearse ese trabajo para todo un curso. También el nivel de exigencia es muy diferente en Teleberri 1 que en Teleberri 2. Hay  menos tiempo para pensar, para trabajar los textos, para valorar las noticias. Y Otamendi necesitaba un compromiso en firme.

         -Juancar. Lo de “hasta Navidades y luego hablamos” ya no me sirve. Si lo vas a dejar, déjalo ya y hago los cambios que tenga que hacer…pero a mí me gustaría que siguieses.

Abrumado por una  extraña mezcla de sensaciones que trataré de explicar,  decidí dos cosas: presentaría Teleberri 1, pero no Políticamente Incorrecto, el programa de debate que Estibaliz había conducido durante siete años y en el que yo solía ejercer de “suplente” cuando ella faltaba. Creo que Karmelo Vivanco, el director del programa y uno de los jefes de la productora Baleuko todavía no se cree que rechazase la  oferta pero como es un tío que se viste por los pies, escuchó mis argumentos  (todos ellos personales, no profesionales), me dio la mano y seguimos tan amigos. Es una de esas personas de las que uno se puede fiar. 

La sorpresa de Karmelo resultaba más que comprensible. Políticamente Incorrecto era un caramelo para cualquier periodista. Una mesa de debate bien surtida y plural con un equipo de redacción  serio, solvente y abierto. El formato, menos rígido que un informativo diario, daba pie a ensayar otros registros y hasta otros géneros periodísticos como el comentario o la entrevista.

Me había tocado conducir PIN en alguna baja larga de Esti y había entendido bien por qué ella le tenía tanto cariño al programa. Tras el debate, a altas horas de la noche,  en las salas de invitados de Miramón, los principales actores políticos, mediáticos, sindicales y sociales del país no tenían reparos en cambiar impresiones y protagonizar largas y jugosas discusiones “a calzón quitado”, sin cámaras, sin poses, sin necesidad de aparentar. Casi siempre el post programa era mucho más interesante que el programa y poder asistir y hasta participar en aquellas veladas en las que tan pronto hablaba Arnaldo Otegi como intervenía Josu Jon Imaz me parecía todo un privilegio.

Y no sólo se trataba de políticos. Por allí pasaban científicos, sociólogos, catedráticos de derecho, expertos en energía nuclear o periodistas de extensa trayectoria a los que yo ya leía incluso antes de pensar seriamente  en estudiar la carrera de Periodismo.

Para mí PIN fue un autentico lujo del que me quedo con un programa: el debate sobre el 23-F que el 3 de noviembre del 2005 protagonizaron Santiago Carrillo, José Oneto, José Luis Gutiérrez, Pilar Urbano y Francisco Letamendia.

Por alguna circunstancia que no recuerdo ni  Estibaliz ni  Karmelo estaban presentes aquel día así que a los que estábamos por allí –Mauro Calvo Ziortza Zerikazelaia y servidor- nos tocó tomar algunas decisiones poco habituales.

El debate se emitía pasadas las 12 de la noche pero se grababa alrededor de las 22:00. Unos minutos antes de entrar a plató la azafata preguntó si alguien quería beber algo. Ningún invitado solía pedir nada porque en la sala ya había agua, vino, cerveza, café y refrescos. Pero aquel día, con su voz pausada, casi monocorde pero al mismo tiempo plena de autoridad,  Carrillo dijo:    

        -¿Me puede traer un whisky?

Santiago Carrillo tenía entonces 92 años y unas semanas antes había sido noticia por haber sufrido algún problema de salud. Eran las 9 y media de la noche y con el estómago vacio…

        -Otro para mí, dijo José Oneto

        -¿Jose Luis?

        -Venga.

Pilar Urbano se limitó a sonreír. “Ortzi” Letamendía no daba crédito. Llegaron los whiskies y la charla se animó. Era el ambiente perfecto para un debate. La azafata nos llamó a plató. Para estupefacción del personal,  Carrillo cogió el whisky en la mano y echó a andar con paso lento pero decidido.

Pero había más. Al llegar al estudio y tras saludar a cámaras y regidores Carrillo le dijo al regidor:

        -Oiga, joven, ¿aquí se puede fumar?

El regidor me miró como diciendo: “¿y qué le digo? Así que tercié en el asunto

        -Pues no. Lo siento don Santiago. No se puede fumar en ningún programa de ETB.

        -Ya…Es que si no fumo… mi familia se va a preocupar.

        -Pues…. Mire…Fume usted don Santiago

Ya ven. Con la ley antitabaco vigente y seguro que incumpliendo media docena de normas de seguridad de ETB hicimos un debate entre humo y whisky que hubiese firmado el propio José Luis Garci. Un debate irrepetible, lleno de anécdotas,  complicidades, insinuaciones y secretos. Un debate sobre el 23-F con algunos de sus testigos más directos. Durante hora y media me sentí un pequeño José Luis Balbín, el admirado director de “La clave”, el programa que en la década de los 70 nos metió el gusanillo del periodismo a toda una generación. Desde luego ese día el programa “Políticamente Incorrecto” hizo honor a su nombre.

Observese el vaso largo...de whisky

Pero la anécdota de Carrillo y PIN me ha desviado de la línea argumental.

Decidí no presentar PIN y centrarme en Teleberri 1 porque la vida no me daba para conciliar trabajo y familia como yo quería. El debate dejó de hacerse en Miramón y se trasladó a Galdakao y eso añadía una pega más  porque me suponía salir de casa el lunes a las 8 de la mañana, regresar a la una y media de la madrugada, levantarme a las 7 y marcharme de nuevo hasta las 6 de la tarde. Hice un par de programas en los estudios de K-2000 antes de dejarlo y con mucho dolor me despedí de PIN.  Mi puesto lo cubrió Aitzol Zubizarreta y unas semanas más tarde Sonia Hernando tomó las riendas de Políticamente Incorrecto.

Vuelvo al Teleberri. Comenzaba  un curso en el que iba a presentar el informativo en solitario tras casi 7 años haciéndolo en pareja. Tenía el corazón partido porque sabía que iba a echar de menos a Estibaliz todos los días y al mismo tiempo era consciente de que el nuevo formato me iba a permitir hacer un informativo más personal, a mi ritmo, con mi estilo, sin tener que acoplarme con nadie. Aquello era un reto, un aliciente inesperado y no buscado, pero un aliciente al fin y al cabo.

El desafío resultó apasionante pero también arriesgado. No ha sido ningún capricho que el informativo de las tres de la tarde se haya presentado durante años entre dos personas. Las noticias llegan muy tarde. El trabajo se acumula  en un periodo de tiempo muy corto. Hasta la una de la tarde puedes estar sin escribir una línea y en las dos horas siguientes no levantar la cabeza del teclado del ordenador.

Durante ese curso muy pocos Teleberris fueron tranquilos. Yo terminaba de repasar los textos durante el transcurso del informativo. Tras la portada, titulares y los cinco primeros temas, a menudo tenía que aprovechar el minuto y medio de emisión del video para escribir la entradilla que iba a tener que leer tres minutos más tarde. Hubo días en los que no pude ni abrir el guión que me ponían delante.  Iba tan acelerado que sólo conseguía mirarlo cuando llegábamos a los deportes.

 Y a todo aquel estrés todavía le faltaba el remate. Yo volvía a Donostia en el autobús de las 16:00 y el Teleberri acababa a las 15:45. Tenía el tiempo justo para desmaquillarme, quitarme el traje, ponerme la ropa de calle y correr escaleras abajo para coger el autobús que salía de la contigua estación de Termibús. Aprovecho para agradecer a los currelas de la taquilla de PESA, que más de una vez miraban de reojo hacia la puerta de ETB antes de indicarle al conductor de turno que cerrase las puertas. Gracias a ellos y a los 40 segundos de margen que me dejaban pude regresar a casa a la hora que mis obligaciones familiares me requerían. No les cuento los días que –por la razón que fuese- el Teleberri se alargaba. Cuando eso ocurría, apagaba el ordenador antes de terminar, despedía el Teleberri de forma casi telegráfica (“nada más, gracias por su atención. Bihar arte”), me iba quitando el micrófono durante el plano general de salida, según entraba la pantalla del Copyright saltaba de la silla y enfilaba a la carrera hacia el set de  maquillaje. Allí me embadurnaba la cara con leche desmaquilladora, me medio-limpiaba con toallitas húmedas y un chorro de agua y carrera de vuelta por el largo pasillo de la nueva sede quitándome la corbata y la camisa como si fuera Clark Kent antes de entrar en la cabina de teléfono para salir convertido en Supermán. Entrada vertiginosa  en vestuario (a más de un compañero o compañera le tuve que pedir que me dejase cambiarme a la vez que él o ella para poder coger el dichoso autobús) y nueva salida veloz tipo boxes F1 rumbo a la calle. Y si no me partí la crisma bajando al galope por las escaleras mecánicas, faltó poco. Por si a alguien le interesa, el record lo tengo en 7 minutos exactos: acabar el informativo a las 15:53 y coger el autobús de las 16:00. Una vez un pasajero de la línea Bilbao-Donostia que, tal vez habría estado haciendo tiempo en un bar con el Teleberri enchufado, me miró de arriba abajo al verme entrar sin aliento. en el autobús. Yo creo que pensó algo así:

      -Qué vergüenza la ETB. Pero…si a este tío lo acabo de ver en la tele. Ahora resulta que hacen los informativos grabados. Claro…para tenerlo todo más controlado.     

Ahora que han pasado unos años puedo decir que disfruté como un enano de aquello. Ane Miren me dio muchísima libertad para darle a la presentación mi toque personal. Además, después de tantos años, la mayoría de los días me bastaba con leer los temas de la escaleta y el orden decidido por ella para darme cuenta de qué quería hacer la jefa y qué esperaba de mí.

Durante esos meses traté de trabajar la complicidad con el espectador con una de mis herramientas de comunicación favoritas: la ironía y, en casos extremos y puntuales, el sarcasmo. Una vez le preguntaron a un cómico francés si, en su opinión, uno se podía reír de todo y él respondió que sí…pero no con todo el mundo. Me pareció una respuesta brillante y una gran lección porque sacarle punta a las cosas puede ser muy divertido y muy eficaz para conectar con la gente pero no se puede perder de vista que no sabemos quién nos escucha al otro lado de la pantalla. Por eso hay que hilar muy fino.

Dicho esto reconozco que unas cuantas veces no pude resistir la tentación. Así, el día que el ¿cantante? Marilyn Mason aterrizó en Bilbao y exigió a los promotores de su concierto un camerino totalmente negro, con toallas negras y no sé qué más extravagancias, rematé la presentación de la noticia con una frase que siempre había querido decir en un informativo, una frase del  Makinavaja,  personaje de comic de la revista “El Jueves”. ”Llegados a este punto –dije- habrá que citar al Maki y añadir que en este mundo sin ética, sólo nos queda la estética”. O cuando se presentó la segunda edición de la campaña de promoción del euskera protagonizada por un estrambótico personaje conocido como el virus Ukan… Según los promotores del invento, no barato, por cierto,  Ukan inoculaba al personal unas tremendas ganas de hablar el euskera.  Pues nada…Ahí va:  “Nueva campaña de promoción del euskera protagonizada por el virus Ukan, que contagia las ganas de hablar en euskera…o eso dice él”. ¿Saben una cosa? Eso no tiene precio…para lo demás Mastercard.  Y soy consciente de que este tipo de valoraciones del presentador son muy muy arriesgadas y que uno corre el riesgo de patinar. Sin embargo, después de muchos años entrando a diario en las casas tratando de hacer de la seriedad y rigor las señas de identidad,  creo que hay margen para la complicidad con el espectador;  incluso me atrevo a pensar que el personal agradece esos guiños puntuales a su sentido crítico.

Lo disfruté mucho mientras duró. Esa es la verdad. Y anduve muy suelto. ¿Derrapando en las curvas? Puede que sí. Que me quiten lo bailao.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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16 respuestas a Capítulo 24. Fume usted, Don Santiago.

  1. Javi V dijo:

    Una vez más, chapeau….

  2. Estimado blogger,

    ¡Qué bien me lo paso leyendo sus posts!

    Zorionak eta horrela segi.

    Mesie Leconte

    PD: qué casualidad ver a Jorge Guerrero en la afoto con Carrillo, es del Condado.

  3. Edu Araujo dijo:

    ¿¿SIETE MINUTOS??. Sí sólo en quitarse la corbata tarda uno más!!. Deberían haberte seguido con una cámara. Habría sido portada en un Teleberri-Kirolak con comentario de Julio-Josu, seguro.
    Muy buena entrada.

  4. azua dijo:

    Pero que guapos que estamos en esas fotos. Lo cierto es que ese corte de pelo tipo “flequillo torcido” me duró poco.. ja, ja ja.
    Que sepas que yo tambien te sigo, y como siempre te digo “contente”…
    Un beso fuerte

  5. Izaskun dijo:

    Ah, tu ironía, cómo se echa de menos… Aún recuerdo una noticia -una de tantas- que era que en algún acto público el rey había sufrido un tropezón en los escalones del escenario y casi se cae, y a continuación otro personaje conocido (no recuerdo cuál) lo mismo… tú cerraste la noticia como que no quiere la cosa: “al arquitecto lo están buscando…”, ja, ja

    • !Es cierto¡ !No me acordaba de esa¡ Aprovecho para aclarar una cosa: ironía, sí, pero nunca improvisada. Lo de soltar lo primero que se le pasa a uno por la cabeza es un ejercicio demasiado arriesgado. Todo medido y preparadito. Gracias por recordármelo, Izaskun.

  6. Antxon Blanco dijo:

    Zorionak!!!
    Soy un novato por aquí, pero me ha encantado. Y yo que pensaba que era el especialista de atletismo y total que lo tenía todos los días en la ETB. El Bolt de la tele. ¿No irías con carga de anabolizantes?
    Un saludo colega.

    • Me alegro de encontarte por aquí, Antxon. Lo del atletismo der verdad os lo dejo a los profesionales. Mis motivaciones para correr siempre han fluctuado entre acercarme al autobus que se va o alejarme de la policía que viene, ja, ja, ja¡¡¡ Y lo del doping…puede ser, pero todo endógeno, derivados de la adrenalina del directo. Saludos.

  7. laida dijo:

    Kaixo Juancar. Una pena que estés llegando al final de tus relatos como presentador, por ahora. Siempre hay que pensar que hoy es el primer día del resto de nuestra vida. … así que siempre habrá nuevos horizontes que nos brinden la oportunidad de comunicar con pasión. ¡aunque no hay que menospreciar la labor de hacer atractivo un vídeo, como el de hoy, de Santa Lucía…..! muxu bat!

    • Gracias Laida. No tengas duda de que valoro mucho lo que tengo, del mismo modo que valoro mucho lo que tuve. Salvo que la diosa fortuna se cruce en mi camino -who knows- me quedan años de profesión y yo sigo sintiéndome un privilegiado cada vez que tengo la oportunidad de contar una buena historia con una cámara y un micro. Nunca se me va a ocurrir menospreciar una buena historia asi que no se me puede ocurrir menospreciar un buen video. Sería una torpeza…y creo que de eso ( de torpezas) andamos sobrados ultimamente.

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