Capítulo 23. Elogio y elegía de Iurreta.

Yo crecí escuchando a los locutores de TVE decir aquello de “devolvemos la conexión a nuestros estudios de Prado del Rey”. Tan monárquico paraje formó parte de mi imaginario personal hasta que el día que, durante mi etapa de  corresponsal en Madrid, cogí el coche y me fui para allí.  ¡Qué decepción! Prado del Rey era, efectivamente, un prado; un prado a las afueras de Madrid  poblado por unos solitarios, desangelados y grises edificios estilo años 50 y con reminiscencias franquistas. Cuento esto porque imagino que algo parecido ocurriría con los que visitaban “nuestros estudios de Iurreta”.

ETB estuvo en Iurreta 25 años, siempre  bien visible para todo el que transitase por la A-8 y aunque el cariño es ciego,  hay que reconocer que el caserío electrónico dejaba mucho que desear. Las veces que llevé de visita a amigos y familiares  sorprendí a más de uno tratando de disimular una mueca de decepción mientras yo desgranaba entusiastas explicaciones.

Iurreta estaba viejito, lo digo así, en diminutivo, como para no hacer daño.  Los magnetoscopios  se atascaban,  las teclas de los aparatos no se quedaban pulsadas, las mesas de sonido no sonaban, las cajas de cintas no tenían cintas y las cintas no tenían cajas.  Durante los meses previos al traslado a Bilbao más de un informativo estuvo rozó la debacle  porque los lectores de video se tragaban las cintas y no las soltaban o las escupían convertidas en fetuccini. Además, ante la inminencia del traslado,  los gestores de ETB decidieron no gastarse un euro en reponer o reparar los viejos equipos analógicos y  convirtieron  el adiós de  Iurreta en una lenta y dolorosa agonía de más de 6 meses.  Dolorosa, añado,  sobre todo para los que teníamos que sacar a diario un informativo con los mismos estándares de calidad que el resto de las cadenas que ya llevaban meses, incluso años, editando en digital.

Yo pisé por primera vez la casa en diciembre del 91. Entré para una sustitución de 20 días cuando todavía no había ordenadores sino enormes máquinas de escribir que pesaban cerca de 25 kilos y que había que mover con carretilla. Eran  maquinas especiales que escribían con un tipo de letra tres veces más grande de lo normal porque no había otra manera de que los presentadores alcanzasen a leer los textos cuando se los ponían delante a dos metros de distancia.

Los redactores escribíamos las noticias con dos papeles de calco. Por favor, los menores de 25 años que estén leyendo esto, que consulten a sus padres si no saben qué es el papel de calco. Una copia se la quedaba el realizador, otra el presentador y la tercera era para el rodillo, es decir, el antecesor del teleprompter.  

En el rodillo se colocaban las noticias previamente  ordenadas y unidas unas con otras con una cinta adhesiva especial.  Frente a los presentadores una persona, manivela en mano, hacía girar el rodillo y estos leían las noticias. ¿Imaginan ustedes lo que pasaba cuando, por algún imponderable, era necesario retrasar o adelantar algún texto?  De locos.

Los primeros ordenadores llegaron a ETB a finales del 92. Yo entonces trabajaba en un programa de economía llamado “Empresa Vasca” que estaba adscrito a los informativos no diarios. Nos ubicábamos en unos barracones prefabricados de dos pisos en la parte trasera del edificio principal, lejos de la vista de los automovilistas de la A-8 que solo alcanzaban a ver el edificio principal rodeado de antenas parabólicas.  Humedades y goteras, suelos de sintasol,  sin cuarto de baño… las  condiciones de los barracones llevarían hoy a cualquier inspector de Osalan a clausurar la empresa inmediatamente. Allí compartíamos espacio programas como Empresa Vasca, Palabra de Ley o Actual, un debate-magazine de actualidad que presentaba Amaia Urkia. Disponíamos de 2 ordenadores para 15 personas y  les juro que no estoy exagerando en absoluto. En aquellos inmundos barracones David Barbero se dedicó a visionar durante meses un serial de la televisión galesa que contaba las aventuras y desventuras de dos hermanos enfrentados en una pequeña población rural. A David le encargaron que estudiase si aquello se podía adaptar al euskera y al mundo euskaldun. El resultado fue una serie llamada “Goenkale”, ¿les suena?

Yo empecé en esa Iurreta de las carreras por el pasillo para que llevar la cinta que acababa de llegar de Madrid…por avión; la Iurreta de la escalera de caracol estrecha, empinada e imposible de subir sin tropezar que servía para unir la redacción con VTR, la sala desde la que se emiten los videos.; la Iurreta  con una sola máquina de teletipos que no cesaba de escupir una ristra de papeles con los despachos de la agencia EFE. Cada periodista que llegaba buscaba  su teletipo, lo cortaba a mano llevándose a menudo parte del encabezado o titular siguiente y arrojaba el resto del rollo de papel al suelo. Después  salía como una bala escalera de caracol arriba rumbo al pasillo de las salas de edición.

¡Cuánta tensión se respiraba en aquel pasillo! Lo primero que había que hacer era coger vez.

       -¿El último?

        -Yo. Pero viene fulano que tiene el primer video.

Lo de tener el primer video del informativo siempre ha otorgado a su dueño un cierto estatus, al tiempo que, claro está, un plus de estrés y presión añadida. Es el video que no se puede retrasar.

         -Bueeeeno, yo entró después tuyo y si llega fulano …me voy a otra sala.

Y allí estábamos cuatro o cinco periodistas cada uno con su torre de cintas dispuestos a atrincherarnos en la primera sala de edición que quedase libre.

    -Oye… ¿te falta mucho?

    -No, no…enseguida. !!!Ostia¡¡¡

    -¡Qué….!

    -¡¡Que me faltan las imágenes de recurso de Altos          Hornos!!

     -Tranqui…ya te las traigo yo de archivo.

Y una vez dentro de la sala de edición… resulta muy difícil condensar la cantidad de imponderables que podían echar por tierra el montaje de imágenes y voz,  fastidiando tu trabajo y retrasando el de todos los que esperaban en el pasillo  El magnetoscopio, la mesa de mezclas, los ajustes de color, brillo, ganancia, contraste, las cintas… Había que comprobar todo porque cada uno que entraba hacía de su capa un sayo.

Pero eso no era lo peor. Allí no había marcha atrás. Si te despistabas y hacías un inserto de audio cuando tenías que hacerlo de video, catástrofe. Si olvidabas pasar de modo Assamble a modo Inserto, catástrofe.  Si por descuido dejabas subido el canal equivocado…catástrofe.      

Que nadie tenga la menor duda de que –al menos técnicamente-  el producto resultante tenía mucha menos calidad que el estándar informativo actual. Yo suelo decir que ya no se hacen informativos como los de antes…afortunadamente. Sin embargo, más allá de esas limitaciones técnicas o tal vez por ellas, todo aquello generaba una complicidad profesional de una gran riqueza. Más de una vez la obligada cita en el pasillo de edición servía para comentar qué estaba haciendo cada uno, cómo enfocaba el video o qué imágenes había rescatado del archivo. A menudo el compañero de al lado, que también esperaba pacientemente, te recomendaba buscar tal o cual imagen o recordaba un detalle del tema que a ti te había pasado desapercibido. Lo mismo ocurría con los teletipos y las cintas. Cruzar la redacción reclamando voz en grito dónde estaba tu cinta o el último teletipo sobre las inundaciones de Málaga servía para que todo el mundo supiese qué hacía cada cual y qué dificultades tenía. De ese ambiente gritón, chillón y faltón surgía algo muy difícil de sintetizar en palabras: una especie de conciencia de equipo. El sentimiento de pertenencia a una redacción.

Hoy queda poco de aquello. Para bien y para mal, todo está en el ordenador que tienes delante. Ya no hace falta que te levantes para buscar una cinta, ya no hace falta que hables con nadie, ya no sabes en qué trabaja el periodista que se sienta junto a ti, ya nadie grita “donde está mi teletipo”. La calidad de los editajes es 100 veces mejor y en dos minutos se pueden hacer cosas que hace solo 4 años requerían de toda una sala de post-producción. Los montajes son más ágiles y ricos en recursos narrativos y los errores se corrigen pulsando una tecla. Basta con “deshacer” la última instrucción que le hemos dado al ordenador. Él se encarga de todo.

La edición no lineal y la digitalización nos abrieron la puerta a una nueva y fantástica forma de trabajo repleta de innumerables ventajas. Pues bien, pese a todo,  tengo la romántica certeza de que en Iurreta dejamos algo que no hemos vuelto a recuperar. Algo se perdió por el camino de Iurreta a Bilbao.

Tomo distancia para cerrar este elogio/elegía de Iurreta. Entre septiembre y octubre del 2007 se produjo el traslado definitivo pero, laboralmente, el cambio de sede condicionó la dinámica de trabajo desde muchos meses antes. Fueron cerca de nueve meses en los que todos estuvimos más pendientes del traslado que de otras cuestiones profesionales. El cómo, cuándo, quiénes, en qué condiciones…fueron el pan nuestro de discusión de cada día durante muchas semanas.  El traslado resultó ser  tan prioritario para la dirección que a ésta no le importó distanciarse de la redacción, y si le importó  puso todo en la balanza y apechugó con ello. Desde luego no hubiese querido estar en su lugar. La responsabilidad de trasladar la principal empresa audiovisual del país y hacer coincidir ese traslado con el salto de lo analógico a lo digital tuvo que suponer una enorme presión para todo el equipo directivo, pero eso no quita para que, humilde y honestamente, yo me permita hacer notar que entre los costes del traslado estuvo también la aparición de una severa brecha entre la dirección de informativos y la redacción.  Tras años de relación más o menos fluida (así lo viví yo) , tras años de  encuentros periódicos entre la redacción y la dirección de informativos pasamos a una etapa en la que llegamos a estar año y medio sin juntarnos. Yo creo sinceramente que una redacción en la que los responsables de los informativos, no pueden o no quieren entrar y decir “eh, ¿qué tal va esto? ¿cómo lo veis?”, a la larga, acabará teniendo problemas.     

En fin…supongo que es inevitable que un cambio así condicione la marcha de cualquier empresa pero, insisto,  tengo la sensación de que tanto dirección como trabajadores  gastamos muchos cartuchos en esa guerra y que pocos dieron en el blanco.

Bueno...el programa de elecciones no estuvo nada mal

Sea como fuere lo cierto es que nos plantamos en verano del 2007 sabiendo que,  a la vuelta de vacaciones,  el nuevo curso comenzaría en la nueva sede. Nunca más devolveríamos la conexión a los estudios de Iurreta.

 

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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18 respuestas a Capítulo 23. Elogio y elegía de Iurreta.

  1. Leire dijo:

    Iurreta… qué recuerdos!! El pasillo de las salas de editaje… cuántos nervios, cuántas carreras… y cuántas “discusiones” por las 2 salas que nos correspondían a los de Kirolak, jajaja.

    Muy buen post!

    • Os correspondían, os correspondían…hasta que dejaban de corresponderos. A mi otra cosa que me flipaba de ese pasillo era que nunca llegue a ver el zócalo de la pared de la derecha porque la pila de cintas -vacías, of course- iba desde el suelo al medio metro de altura… Ondo segi¡¡

  2. Estefanía dijo:

    La verdad es que leyendo este post cualquiera esperaría que el firmante fuese un aitite cuentabatallas de largas barbas y no menos de 80 años. Es impresionante lo rápido que han cambiado las cosas, y lo más rápido incluso que nos hemos acostumbrado a esos cambios. Un abrazo.

  3. Edu Araujo dijo:

    Conocí los barracones. Flipé el primer día que llegué y se estaba montando allí buena parte de “La noche de…” con las cintas de las pelis que presentaba Félix Linares por todos lados, revistas de cine empapelando el suelo y post-it’s pegados aquí y allí… Y como siempre lo mejor la gente. Si los espectadores hubiesen conocido los medios con los que se hacían algunos de sus programas favoritos se hubiesen arrodillado ante sus autores (yo lo hice desde entonces).
    También me encantaba llegar a Iurreta a mediodía y oler a lomo con pimientos -o lo que fuese que estuviesen cocinando para el comedor- en el Hall . Mmmmmmm!!.

    • El comedor de Iurreta merecería capítulo aparte. No solo por los efluvios… ¿Conociste a la Jessy, la camarera punk? Mientras leía el menú te indicaba con el dedo qué NO había que pedir ese día. Brutal.

      • rexi dijo:

        Ostitu la Jesi, una tia muy legal y hasta pense algun dia que queria tema por las miradas que me echaba, jejeje.
        Alguien sabe algo de ella?

  4. Edu Araujo dijo:

    No, no tuve el gusto!. Pero si que flipaba: no había más que chicas por todos lados!. Sé que daré la impresión de que yo venía de trabajar en una mina de los Urales pero es verdad. Me daba la impresión de que las mujeres eran clara mayoría (será por eso que en buena medida las cosas funcionaban?).
    Por cierto JC! ya puedes poner en alerta tus recursos, quitanieves y sal a todo trapo!! En este blog está cayendo una nevada que ni Altube!

  5. Edu Araujo dijo:

    Jaja! Yo llevo la fama pero aquí el que cruzaba miradas con la neska punki era otro minerooo! ;P

  6. Edu Araujo dijo:

    A sus órdenes!(se nota que desfilas en la tamborrada). Pero que conste que yo no he empezado hablando de miradas y neskas… 😉

  7. Edu Araujo dijo:

    Creo que Rexi guarda la parte más jugosa y menos decorosa para el día que publique (en la Web! claro) sus memorias… ;P

  8. Alex Pascual dijo:

    Zorionak Mr Etxeberria!! ha conseguido usted que me enganche al blog, y mira que no soy muy amante de estas cosas eh? Pero empiezas a leer y leer, y te acuerdas de anécdotas que habías oído ya, y oye… qué recuerdos le vienen a uno!! Y más hablando de la difunta Iurreta, y de sus barracones (un año me tiré yo ahí metido, en mi época de EiTB Kultura). Qué acojone cuando soplaba el viento! Y la Jesi! otra grande!!

    Yo recuerdo un lunch de Navidad, cuando aún era becario en deportes, en el que se pasó todo el mundo con el txakoli (no como ahora, que parece que está racionado, coño!). Y bueno, si ya eran conocidos los pasos Ibarra-Loroño… el de esa noche fue espectacular!!

    A mí, a Malkorra, a Amaia Etxebe y a un montón más de entonces jovenuelos nos tocó hacer las sustituciones mientras se daban los cursos de digitalización a los de la casa, y doy fe de que los últimos días, editar en los racs era misión imposible. Que vaya disgustos se pillaba la Malkorra cuando se quedaba enganchada la cinta!! o cuando había que destripar un magneto para sacarla porque se había quedado a media pastilla!!

    En fin… Iurreta forever!! y espero seguir leyendo mas anécdotas o “susedidos” de esos, aunque hayas escrito el último capítulo de 2000 Teleberris!!!

    Goraintziak!!

    PASKU

  9. Itsasenold dijo:

    Que tiempos! Es la primera vez que entro en un blog Juancar y reconozco que engancha. Yo si que soy del cromañón. Antes d eque tu presentaras con gafas par aparecer mayor, el pronter lo teníamos en un acelerador bajo el pie los presentadores. Nos lo turnabamos , sólo había uno . Si le cogía sel ritmo al alegro ibas bien, si te ponías nervioso y acelerabas. Oh! gran catastrofe! Los ojos al cielo y había que buscar la noticia en la pila de textos (un folio por cada noticia).

    De las escaleras de caracol siento nostalgia. Había más roce , dicusiones y pasión. Todo pasa. Y todo cae.

    Beno. esto es una pueba. ya parlarem!

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