Capítulo 21. Escuchar para preguntar.

Tras los atentados de Al Qaeda en Madrid y pasados unos meses de auténtica convulsión social y política,  en otoño del 2004 terminó de cuajar algo que venía trabajándose desde muy atrás: un proceso de paz en Euskadi.

El 14 de noviembre se produjo la llamada declaración de Anoeta. El manifiesto leído en el Velódromo de San Sebastián se presentó como el gran paso de Batasuna a favor de las vías pacificas para conseguir objetivos políticos, en definitiva, una alternativa a la estrategia militar de ETA. Por cierto, que en actual panorama mediático y político, el texto bien merece una relectura.  

Entre noviembre y diciembre Batasuna extendió mensajes públicos y privados explicando que la cosa iba en serio. Se aproximaba una tregua de ETA que la sociedad ya percibía de forma tácita. Aunque la presión, la amenaza y la extorsión no habían desaparecido, ETA llevaba casi 3 años sin asesinar.

Desde el gobierno vasco el lehendakari Juan Jose Ibarretxe había presentado –un año antes, el 25 de octubre del 2003-  una propuesta de un nuevo estatuto_vasco . El llamado Plan  Ibarretxe elevaba la autonomía de la  Comunidad Autónoma Vasca a niveles próximos a la independencia. El plan se aprobó en el Parlamento Vasco el 30 de diciembre del 2004 con el apoyo “parcial” de Batasuna, o para ser más rigurosos,  del grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak.

En aquellos momentos el debate político en Euskadi estaba centrado al 100% en el concepto  “derecho a decidir”. En aquel contexto, a principios de enero, Jaime Otamendi nos dijo a Julito y a mí que íbamos  a entrevistar a Ibarretxe en Ajuria Enea el día 20.

Lo primero que pensé fue:

      -“Entrevistar a un Lehendakari Qué gran responsabilidad…y    al mismo tiempo qué gran reto profesional…”.

Pues no. Lo siento. Lo primero que pensé no fue eso, sino:

      -Me acaban de joder la Tamborrada.

Lo segundo que pensé –e hice- fue en avisar a los de la compañía de Antiguoko de que ese 2005  no iba a poder salir con mi barril.  En todo caso convendrán conmigo que el argumento para no cumplir con mis obligaciones tamborreras era de lo más fardón.

La conversación que reproduzco – como diría Rafael Ansón- es una recreación pero no se aleja demasiado de la realidad

-Cabo Barril…

-¿Sí, Etxeberria?

-Este año no puedo salir. Tengo que entrevistar al Lehendakari.

-Joder, ¿y no se puede hacer otro día? ¿no lo podéis cambiar?

Aclaración: no es que yo sea un virtuoso de este rudimentario instrumento de percusión. Tampoco es que el Cabo le tuviese tirria al inquilino de Ajuria Enea. Si le hubiese dicho que tenía que entrevistar a Obama me habría respondido lo mismo porque para el Cabo de barriles es el Cabo de Barriles,  la Tamborrada es la Tamborrada y a efectos de lo que nos ocupa Obama –como mucho- es un chaval con buena planta y mucha labia que, mira tú por dónde, dice que quiere cambiar el mundo. Recurro a otro símil futbolístico que será especialmente clarificador para la parroquia de San Mamés: lo de faltar a la Tamborrada siendo fijo en una compañía es como tener entrada para una final de Copa con el Athletic…y no ir.

       -Pues va a ser que no, Cabo. Ya sabe usted, la agenda de   los políticos es complicada y…

       -Vale, vale…pero que sea la última vez.

No te jode, como si entrevistase al Lehendakari todos los viernes en Ajuria Enea.

       -A sus órdenes, Cabo.

       -Oye Etxeberria…

       -¿Sí?

       -Para estas cosas…bueno…. os dan ya escritas las   preguntas ¿no?

El Cabo de Barriles me trasladaba una curiosidad que imagino compartida por mucha gente. ¿Cómo se prepara una entrevista con el Lehendakari en ETB? ¿Está todo pactado? ¿Llama el jefe de prensa de Ajuria Enea y te dice lo que tienes que preguntar?

Les cuento.

Entrevisté a Ibarretxe tres veces. Dos en Ajuria Enea y una en los estudios de ETB en Iurreta. Esta última casi no cuenta porque corresponde  la campaña electoral del 2005 así que podríamos decir que más que al Lehendakari entrevistaba al candidato de la coalición PNV-EA. Esa la  hicimos al alimón Esti y yo deparó una anécdota que recogeré en otro capítulo.

Las otras dos entrevistas fueron más jugosas. La primera tuvo lugar en 2003 poco después de que Ibarretxe presentase ante el Parlamento Vasco su propuesta de nuevo pacto con el Estado, una reforma estatutaria conocida como Plan Ibarretxe. La segunda,  como digo, tuvo lugar en enero del 2005, 20 días después de que el plan Ibarretxe fuese aprobado por la mayoría absoluta del Parlamento Vasco.

La “cocina” de las dos entrevistas fue muy similar. Ambas se prepararon  en el despacho de Jaime Otamendi. En la redacción del guión participamos los dos entrevistadores (Julito y servidor), el jefe de política ( Iñigo Herce)  y el propio Otamendi. Cada uno llevamos semi-redactada una batería de preguntas y los temas. Tras una puesta en común y el correspondiente debate, el cuestionario se decidió por consenso solo unas pocas horas antes de la emisión –en riguroso directo- de la entrevista. Una vez redactado el guión, nos cogimos el coche y nos fuimos a Ajuria Enea.

 Ibarretxe no tuvo conocimiento previo de los cuestionarios.  Nunca  hubo preguntas pactadas y un ejemplo de ello fueron las chispas que saltaron en la primera de las entrevistas, la del 2003.

El Lehendakari trataba de explicar a la audiencia sus intenciones. Aseguró que llevaría su propuesta al Parlamento Vasco y que cuando éste la aprobase la trasladaría a Madrid. Desde nuestra posición de entrevistadores nos mostramos educadamente escépticos con el recorrido del asunto dada la aritmética parlamentaria y a la vista de la posición de rechazo frontal que PSE y PP habían explicitado. Ambos partidos se negaban a debatir sobre el contenido de la propuesta. Él se explicaba. Le dejamos explayarse y después le pregunté.

       -Supongamos que su plan sale adelante en el Parlamento Vasco. ¿Y qué?

       -Cómo que… ”¿Y qué?”

        -(Gluupss, no le ha gustado nada la pregunta) Sí, que luego  qué…

        -¡Le parece poco¡ ¡Le parece poco un mandato del Parlamento Vasco, un mandato del máximo órgano de representación de la sociedad vasca¡ ¡Por favor¡. Se trataría de un activo político que bla, bla, bla…

Evidentemente la pregunta no estaba pactada. De todas formas meses más tarde se comprobó que no era, en absoluto, una pregunta impertinente. Más bien todo lo contrario. Aquel “y qué” no hacía sino adelantar la que acabaría siendo la respuesta de las Cortes Españolas. Yo pregunté lo que creí que tenía que preguntar. El respondió lo que creyó que tenía que responder.

La entrevista en televisión es un género extremadamente complicado. A mi juicio requiere de muchísima preparación previa. Igual que los buenos  entrenadores ven videos de sus rivales para analizar su juego y neutralizar sus tácticas creo que es fundamental conocer cómo se comporta el personaje de turno ante una cámara. En la medida de lo posible –y con los políticos y personajes de relevancia pública basta con recurrir a la videoteca- hay que prever sus trucos retóricos, los terrenos en los que se encuentra más cómodo –o incómodo-, sus temas fetiche y sus temas tabú. La preparación previa aporta la seguridad que nos permitirá convertir un frío interrogatorio en una auténtica conversación. Por eso y por otras muchas cosas, y a pesar de que su medio natural es la radio, uno de mis entrevistadores favoritos es  Iñaki Gabilondo,  capaz de sentarse ante un presidente de Gobierno sin un papel en la mano y construir una entrevista redonda recostado en la silla. Gabilondo me transmite la sensación de que su postura, su actitud y hasta los temas que aborda serían los mismos si el entrevistado o entrevistada fuese el invitado que llega al salón de su casa.  

Pero en una entrevista hay algo más difícil  que saber preguntar y es saber escuchar. ¿Difícil escuchar? Pues sí, resulta muy difícil  escuchar al entrevistado cuando uno está pendiente de la cámara, del encuadre, de si la chaqueta hace un pliegue, de si no sería mejor cambiar el orden de las preguntas, de si conviene insistir en un tema que el invitado ha procurado soslayar, de… Todo eso distrae enormemente y yo solo conozco un remedio para combatirlo: trabajar previamente los temas, afinar en el enunciado de las preguntas, olvidarse de quedar bien en cámara y escuchar como escucharíamos las confidencias de alguien cercano: con respeto y suma atención. Se trata de escuchar primero y preguntar después. La teoría es, una vez más, sencilla; la ejecución…  piensen por un momento cuántas buenas entrevistas de televisión han visto últimamente. No, por favor, las de la Noria,  DEC o Sálvame no cuentan. Hablamos de periodismo.

A todo esto también abundan los casos en los que el entrevistado no tiene ninguna gana de ser entrevistado. Por ejemplo, un político al que una polémica de actualidad le coincide con una entrevista pactada de antemano. Ahí no vale nada de lo dicho anteriormente; ahí uno hace lo que puede, cubre el expediente y hasta la próxima.

No he hecho muchas entrevistas a lo largo de mi carrera y la mayoría han sido cortas, encajadas en un Teleberri o en un programa de “noche electoral”. Ya sé que no es el género que mejor se me da. Tiendo a plantear enunciados demasiado largos y abiertos. Sin embargo,  hay una entrevista de la que sí guardo un recuerdo especial, una entrevista que me dejó muy satisfecho

En septiembre del 2003 el director donostiarra Julio Medem iba a  presentar  en el festival internacional de cine de San Sebastián una película documental titulada “La pelota vasca: la piel contra la piedra”. Medem había entrevistado a un largo elenco de persona (políticos, periodistas, víctimas, familiares de presos de ETA…) preguntándoles su opinión sobre el conflicto vasco. Después había intercalado sus respuestas con imágenes de deportes vascos, paisajes, noticias de medios de comunicación… El resultado era un complejo puzzle a ratos poético, a ratos político, que tenía como telón de fondo una abierta reivindicación del diálogo y la palabra.

Unos días antes del estreno estalló la polémica.

Algunos de los entrevistados en el documental, miembros del Foro de Ermua,  pidieron a Medem que retirase sus testimonios porque estaban en  desacuerdo con el montaje que había realizado el cineasta. La AVT fue más allá y solicitó que la película no se proyectase. Las fuerzas políticas empezaron a tomar partido y en cuestión de horas el asunto se convirtió en la noticia política de portada en toda España.

Pese a todo y a todos,  la película se proyectó en Donostia y fue acogida con una cerrada salva de aplausos. Pero ni siquiera eso consiguió acallar las voces de quienes, desde Madrid y sus sucursales,  pedían la cabeza de Medem por atreverse a hablar de diálogo y negociación en aquella ceremonia del pensamiento único en la que se había convertido la mayoría absoluta del PP.  

Quiso la casualidad que la víspera del estreno o tal vez fuese un par de días antes –no lo recuerdo bien-  yo estuviese en la Parte Vieja de San Sebastián a la hora en que acababan las proyecciones en el teatro Principal, una de las sedes del Zinemaldia. Eran cerca de las 11 de un día entre semana, ya digo que no lo recuerdo bien , cuando en una desierta la calle 31 de agosto vi venir de frente a una pareja, muy embarazada ella, muy encogido de hombros él.  Avanzaban apresuradamente. Eran Julio Medem y su chica. Ella estaba a punto de dar a luz; de hecho lo haría la noche del estreno de la película, tras la proyección, a las 2 de la madrugada,  una coincidencia inolvidable en palabras del propio aitatxo/director. Sin saber muy bien por qué, les abordé:

      -Perdonad…

       -¿Sí?

       -Mira…no quiero molestar…pero me apetecía decirte que…bueno…que ánimo…y que mucha suerte con la película.

    -Vale, vale, gracias…

Casi ni se detuvieron. Me imagino que estaban hartos de pesados. Pesados como yo.

Pocos días más tarde, al acabar el Teleberri me llamaron los jefes. Habían conseguido una entrevista con Medem y que  este accediese a hablar de la polémica, de las críticas recibidas, de la respuesta del público… Era un buen scoop y querían sacarle el máximo partido así que me explicaron lo que habían pensado.

Iban a convertir a Medem en uno de los personajes de su propia película.

El planteamiento era el siguiente: sentar al personaje en una silla idéntica a la que él había usado,  elegir una localización muy similar a las que aparecían en el filme y realizar la entrevista usando cámaras y encuadres  muy parecidos a los de “La pelota Vasca”.

Y ¿qué papel jugaba yo en la historia? Pues tenía que hacer de Medem, o sea, de entrevistador. Como pueden imaginar aquello se montó de-ayer-para-hoy; ni que decir tiene que todos los buenos consejos y recomendaciones que han leído anteriormente sobre cómo hay que trabajar y preparar previamente este tipo de trabajos brillaron por su ausencia en esta ocasión.   

El lugar escogido fueron los acantilados de Zumaia. La productora K-2000 se encargó del montaje que incluía una costosísima grúa tipo cabeza caliente y una unidad móvil de las grandes. Un despliegue del copón de la baraja con la periodista Begoña Atín como directora del cotarro. Como Medem tenía la agenda a tope y a la hora establecida ya empezaba a escasear la luz, la entrevista había que grabarla de un tirón. Lo que en la profesión se conoce como un “falso directo”.

Cuando llegué todo el equipo estaba preparado. Medem daba vueltas con la vista clavada en el suelo como un animal enjaulado. Tuve la sensación de que en aquel preciso instante se estaba arrepintiendo de haber accedido a participar en todo aquello.

Alguien del equipo me preguntó si conocía al entrevistado. Dije que no.

      -Te lo presento. Julio…mira este es Juan Carlos Etxeberria, de informativos…es el que te va a hacer la entrevista

     -Hola

Hace unos párrafos hablaba de los entrevistados que no quieren ser entrevistados y de lo complicado que resulta sacar algo aprovechable de ellos. Pues, sobre aquel acantilado, la persona que tenía delante era el prototipo de entrevistado no entrevistable. Un tipo hipersensible al que han herido ( ya decía Louis Malle que  “las personas heridas suelen ser peligrosas”) no es precisamente el interlocutor ideal.  

Eché mano de lo único que se me ocurrió

       -No sé si te acuerdas. El otro día en lo Viejo te paré para darte ánimos por lo de la película.

      -¿Cómo?

       -Sí…ibas con una chica que estaba embarazada. En la 31 de agosto…

      -Ah…sí…sí. ¿Eras tú?

      -Pues sí. ¿Qué casualidad, verdad?

“Una coincidencia extraña, como en muchas de tus películas” hubiese sido la frase adecuada para terminar de romper el hielo que en este caso parecía tener el grosor de una pared. Pero no. Esa frase feliz que se me ocurre ahora no se me ocurrió entonces. Yo no dije nada más. Medem tampoco, pero por lo menos me miró a los ojos.  Mirada huidiza,  aspecto inseguro, nulo interés en ser amable… Como decía una amiga de mi abuela:  !qué paradero¡. No había tiempo para más. Lo sentamos sobre el acantilado y empezamos a grabar. Hice la primera pregunta y…silencio.

Fueron unos segundos interminables durante los que pareció que todo se iba al garete y… de pronto, empezó a hablar.

Y hablo, hablo, y hablo…y se abrió como una flor. Durante más de 40 minutos se desnudó como pocas veces he visto hacerlo a nadie delante de una cámara. Estuvo a punto de echarse a llorar un par de veces pero se rehízo. Cuando acabamos, nos dimos la mano y se marchó.  Había traspasado el hielo. Después yo grabé una breve presentación que serviría para introducir el reportaje.

No participé en el montaje del programa especial que elaboraron con aquello. Bego Atín y su equipo se encargaron de editar la entrevista  y transformarla en un formato de “reportaje especial”. Hicieron un estupendo trabajo. No fue un bombazo de audiencia pero sí un ejemplo de calidad y de reflejos periodísticos porque todo se montó en apenas 48 horas.

Y…bueno…si tuviese que poner alguna pega, sería a posteriori. Me refiero al poco caso que informativamente se le ha hecho desde entonces a Julio Medem en ETB. Durante 3 semanas fue el héroe de la libertad de expresión, la voz de la conciencia de la sociedad vasca y cuando todo acabó,  volvió a convertirse en un cineasta donostiarra afincado en Madrid, uno de tantos, no sé si me entienden. No quiero ser injusto pero esa incómoda sensación de “un vasco de usar y tirar” la he tenido más veces a lo largo de mi trayectoria profesional en esta santa casa y, la verdad, no me gusta. Me deja un regusto amargo.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
Esta entrada fue publicada en 2000 Teleberris, teleberri y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Capítulo 21. Escuchar para preguntar.

  1. Leire dijo:

    Me encanta leer tus posts, Juan Carlos. Saludos de parte de una compañera de eitb.com (ex de Kirolak de ETB).

    Leire

  2. Estefanía dijo:

    Pues mira, a mí me parece que lo de “vascos de usar y tirar” ha sido más usado en otros medios de comunicación, particularmente centralistas, que han encontrado en el denominado “vasco bueno”, ese pobre, esa pobre que por no comulgar con el ideario nacionalista parece que se ha visto obligada a emigrar para poder florecer en todo su esplendor. Estoy pensando en profesores universitarios, en escritores… que han sido utilizados por la prensa -por una determinada prensa- como adalides de la denuncia de una supuesta ausencia de libertad de expresión y que en realidad, en una simbiosis bastante mezquina, mientras eran usados también han usado ellos mismos esa plataforma a la que se les ha encumbrado por el mero hecho de ser vascos y nacionalistas españoles. Por elegancia pienso que no tengo por qué mencionar nombres propios, pero probablemente se nos ocurran más de media docena de personajes públicos a los que se ha “usado” con fines bien determinados, que en muchas ocasiones han hecho uso de esa atalaya para su propio beneficio y que, efectivamente, cuando han dejado de tener utilidad a efectos políticos han dejado de interesar. Por supuesto, si el inclasificable Medem pudiera entrar en alguna categoría, no sería en esa… ya que fue linchado y cuestionado hasta límites insospechados únicamente por los motivos que tú mismo explicas.
    Excelente entrada, JC.

    • De acuerdo. Coincido contigo en que lo de “usar y tirar” se ha usado más en otros medios de comunicación y me extendería en ello si mi intención fuese hacer un análisis del comportamiento de cada cual, pero no es el caso. Se trata de otra cosa. Sencillamente en este recorrido por mi memoria hay episodios en los que me asalta la sensación de estar en deuda con mi conciencia. Nada excepcional, me imagino, en una profesión como la nuestra. Y…sí, “inclasificable” es un buen calificativo para Julio Medem.

  3. Edu Araujo dijo:

    Me alegra saber que eres “de esos”, Juan Carlos. De “esos” que necesitan parar por la calle a alguien que no conocen pero que saben que está pasándolo mal para darle una palabra de aliento. Me pasa lo mismo. Y no tiene que ver con ideología, con coincidencia de opiniones. Tiene que ver con el cómo ves al resto de los seres humanos. Y dónde te ves tú. Nunca me he visto en una trinchera, en todo caso mi trinchera está en el lado de los que sufren la injusticia, sea cual sea. Nunca he sido impermeable al sufrimiento, como esos que aprietan el gatillo o firman una condena de por vida. Tanta ortodoxia nos brutaliza. Creo que algo de eso quiso decir Medem. Ví la entrevista que le hicisteis y me reconcilió con muchas cosas. Yo creo que el propio director quiso marcar distancias con aquello y volver a ser un “simple” director de cine. Aunque para muchos de nosotros ya no lo será, para bien, por su valentía y compromiso con la Paz. Como aquel otro gran ser humano que fue Ernest Lluch del que hoy se cumplen diez años de su asesinato. O como las mujeres de los ertzaiñas asesinados por ETA que hoy han acudido al homenaje a Santi Brouard.
    No nos conocemos pero bueno, a ti y a tus compañeros… me apetecía deciros que…bueno…que ánimo…y que mucha suerte con la “película”.

  4. Edu Araujo dijo:

    Juan Carlos: parece que Mikel busca “hablar de su libro”… Vamos que está promocionando su blog por ahí (he visto este mismo mensaje en otros blogs) dejando estos “mensajes”. Mikel: estás generando spam. Podrías al menos molestarte en escribir alguna línea solicitando permiso al dueño del blog!!.

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