Capítulo 20: Bonita corbata, tío.

Los días que siguieron al 11-M me reconciliaron  con la profesión pero sobre todo con el público.“La gente se traga cualquier cosa” es una frase que se puede escuchar fácilmente en cualquier redacción y no digamos nada en cualquier departamento de programación televisiva.

Lamentablemente  la sentencia anterior tiene plena vigencia y para comprobarlo basta con hacer un somero repaso a los índices de audiencia o si lo prefieren a la sección “Lo + visto” de cualquier web de noticias. Leer cuáles son los temas más seguidos por la audiencia resulta descorazonador para los que todavía pensamos que lo más interesante de la vida de Falete es saber quién le puso ese ridículo nombre.

Aquellos días de marzo, en cambio, el público buscaba información pura y dura, veraz y desprovista de prejuicios. La gente quería respuestas acerca de los 190 muertos de Madrid y también del asesinato ocurrido en Pamplona. Para quien lo haya olvidado, una discusión con el 11-M como telón de fondo acabó con el panadero Ángel Berrueta muerto de un disparo a manos de un policía nacional fuera de servicio y de su hijo.

El vuelco electoral del 14-M fue el precio que los ciudadanos le cobraron al gobierno Aznar por sus mentiras y estoy íntimamente convencido de que le habría pasado lo mismo a cualquier otro gobierno que hubiese intentado algo parecido.

Suena cruel pero para ETB aquel horror supuso un contundente espaldarazo a la credibilidad del grupo. Los informativos ya venían de un periodo dulce en cuestión de las audiencias. (en 2003 los datos de Teleberri 1 fueron excepcionales y nunca mejorados hasta la fecha) pero además de espectadores el informativo fue ganando calidad y credibilidad.

Me centro en el Teleberri 1, de lunes a viernes,  porque es el que yo hacía y el que mejor conozco. A finales del 2004 casi doblábamos  las audiencias que teníamos cuatro años antes. El trabajo de mucha gente durante muchos años tenía ahora el respaldo de los audímetros. Habíamos pasado de un share medio del 14% a uno del 24%

Aclaro un par de conceptos. El share nos dice qué tanto por ciento de la audiencia esta viendo tu programa. No nos indica el numero real de espectadores sino sólo qué porcentaje de la gente que esta viendo la tele en un momento dado te esta siguiendo a ti. Dicho de otro modo y con el dato de 2004 en la mano…de cada 100 espectadores sentados frente a la pantalla  a las tres de la tarde, 24 tenían sintonizado Teleberri.

Cuestión distinta es cuánta gente nos veía. Esa información no nos la proporciona el share, sino el otro concepto clave en la medición de audiencias: el rating.  El rating no se calcula sobre el numero de personas que están a una hora concreta frente al televisor sino sobre el universo total de espectadores potenciales. En la Comunidad Autónoma Vasca ese universo (vendría a ser equivalente a la población menos los menores de 4 años)   es de dos millones de personas. Si tomamos el conjunto del Estado, el universo sube a 43.900.000 personas. Por eso, para ETB, que –simplificando- solo se emite en la CAV,  un punto de rating son 20.000 espectadores y para TVE son 439.000. El rating medio del Teleberri 1 solía oscilar entre los 6-7 puntos. Diariamente nos veían más de 120.000 personas

Y para casar ambos conceptos (share y rating)  recurro a un caso real:  a veces el Teleberri 1 superaba al Teleberri 2 en share  pero aún así Julito nos superaba en audiencia. El suyo era el informativo mas visto del día porque no es lo mismo llevarse el 24% de la audiencia a las 3 de la tarde que a  las 9 de la noche. A la hora de la cena el numero total de personas que se sienta frente al televisor (independientemente de la cadena que sintonice) es mucho mayor del que lo hace a las tres de la tarde. En definitiva, aunque nosotros le superásemos a veces en share, él casi siempre tenía más rating.

Para redondear la explicación cito un caso extremo pero muy clarificador: los encierros de San Fermin en TVE. En las mediciones de Sofres los encierros cosechan shares del ¡!!!!60%¡¡¡¡. “Qué gran audiencia, pensará alguno. Pues sí y no. “Sí” porque el 60% es un porcentaje altísimo pero  “no” porque a esa hora hay muy poca gente viendo la televisión . Si los toros corriesen por Estafeta a las 9 de la noche los verían 20 millones de personas  pero como lo hacen a las 8 de la mañana los espectadores rondan el millón y medio,  o sea, cuatro puntos y medio de rating. Esa cifra es menos de la mitad de lo que cosecha  cualquier programa del prime time.  Lo mismo pasa con los informativos matinales. Tienen  registros de share muy altos, pero poquísima audiencia real.

Retomo el relato al hilo de los datos de audiencias. Como diría el ya citado Jose Luis Korta entre  2003 y 2004  cogimos la txanpa buena hasta el punto de adelantar a rivales directos en terrenos hasta entonces vetados.

Ejemplo de ello fueron la elecciones estadounidenses de noviembre del 2004.

George W. Bush optaba a la reelección frente al demócrata John Kerry y ETB volvió a echar mano de Maribel Aizarna y de un servidor como enviados especiales a Estados Unidos.A mi me mandaron a Washington. Me acompaño el productor Josean Cabarcos (las fotos son suyas) y allí nos encontramos con Olatz Arrieta.  Maribel Aizarna, por su parte,  se ocuparía del cuartel general demócrata ubicado en Boston. Nosotros nos alojamos en el State Plaza , junto al campus de Georgetown, un hotel sencillito pero magníficamente ubicado a apenas 4 manzanas de la Casa Blanca. Por cierto, muy recomendable.

Es en este tipo de eventos cuando uno toma conciencia de las dimensiones de ETB frente a otras cadenas con las que,sin embargo compite , o mejor dicho, competía. Así, a pocos metros de nuestra posición de directo Matías Prats presentaba  las noticias de Antena 3 rodeado por 6 personas y con un gran teleprompter en el que leía su guión. Desde la posición contigua nosotros contábamos más o menos lo mismo pero con una libretita de mano como único apoyo.

Y qué les voy a decir cuando Lorenzo Milá llegaba a la azotea del edificio de turno acompañado por un productor que le sostenía tres americanas distintas, una de cada color, para que el presentador (gran presentador, por cierto) eligiese la que mejor empastaba con el fondo de la Casa Blanca.

Tres americanas eran todas las que yo había conseguido meter en la maleta para los siete días de viaje.  Tres americanas eran la mitad de mi fondo de armario para todo un año en ETB.  Por eso casi me emocionó lo que me dijo un cámara de Reuters cuando en mi primera conexión de aquel viaje me coloqué en la posición de directo con la Casa Blanca al fondo

-Pretty tie, guy. ( Bonita corbata, tio)

-Sorry

-It matches with the trees (Hace juego con los árboles).  Congratulations.

Era cierto. Mónica, nuestra compañera de vestuario,  había elegido a ciegas una corbata casi perfecta para aquel fondo otoñal de hojas ocres y amarillas. ¿Suerte? Piensen lo que quieran. Yo siempre he pensado que Mónica es un crack.

En aquel “rush” final de la campaña electoral en Estados unidos me llamó mucho la atención cómo los mítines y actos de campaña estaban milimétricamente diseñados para ser emitidos en televisión. Lo demás daba igual. El caso más extremo lo viví al entrar al lugar escogido por los republicanos para celebrar su Election Night,  el Ronald Reagan Center.

El lugar era un teórico centro de convenciones muy próximo a la Casa Blanca y no demasiado alejado del Capitolio. De entrada el concepto europeo de Convention Center no es el mismo que el americano. Llegué al Reagan Center  de marras pensando en algo parecido al Kursaal o al Juan Carlos I de Madrid y me encontré a mi mismo en el Max Center o en Garbera. En el patio central  de aquel enorme edificio sospechosamente parecido a un centro comercial los republicanos instalaron un escenario coronado por una gran bandera y frente a él una grada donde nos íbamos a amontonar las televisiones de medio mundo. Los periodistas de otros medios (radios y periódicos) no tenían acceso a esta zona y debían seguir la noche electoral desde una sala anexa.

Cuando la víspera de la noche electoral, todavía vestidos “de calle”,  fuimos a conocer el sitio no pude resistir la tentación de meterme por detrás del escenario que afanósamente montaban los operarios. Les juro que es el backstage menos glamouroso que he visto en mi vida. Justo detrás del estrado principal encontré (cerrados para la ocasión, eso sí) un Kentuky Fried Chicken, varias tiendas tipo franquicia y un puesto de helados.

Si se fijan en el fondo de la foto (que de paso me sirve para dejar constancia de  mi simpatía por los asnos frente a los elefantes, mascotas de los demócratas y republicanos respectivamente) se adivinan los cucuruchos de la susodicha heladería. La tentación de mencionarlo en la crónica fue grande, pero había que atenerse al guión así que hablé de los frenéticos mítines de Bush por todo el país y de los mensajes finales de campaña.

El día de las elecciones visitamos varios colegios electorales de la zona de Georgetown   y  comprobamos in situ el extraño sistema electoral por el cual en algunos colegios –dependiendo del distrito- votaban con ordenador mientras que en otros lo hacían con papeletas de tamaño de un periódico. Para cualquier periodista vivir unas elecciones presidenciales en Estados Unidos es todo un espectáculo. Sólo con poner la tele y zappear a través de los programas especiales de las televisiones aprende uno más que en cualquier seminario o congreso profesional.

Pero lo más sorprendente estaba por llegar. Los primeros resultados oficiales estaban previstos para las 10 de la noche hora de la costa Este. Aproximadamente una hora antes el exiguo espacio que quedaba libre entre las cámaras y el escenario de Reagan Center  se llenó repentinamente de gente. Gente que apareció como por arte de magia, todos a la vez y con algo en común además de su, supongo, militancia republicana: todos eran jóvenes, guapos, bien vestidos y derrochaban entusiasmo. Todos. Sin excepción. Gran atrezzo.

Aquella clá se colocó ordenadamente y empezó a agitar sus banderitas y sus gritos de júbilo. Lo que no sabían es que tenían por delante 8 horas de espera. El recuento de papeletas, complicado de por sí dada la diferencia horaria de tres horas de un extremo a otro del país, iba a deparar una noche de infarto. Llegó un momento en que todo dependía del estado de Ohio. Los resultados provisionales adelantaron una victoria de Bush pero las grandes cadenas estadounidenses empezaron a insinuar posibles errores en el recuento de papeletas en aquel Estado decisivo.  En  torno a las 3 de la madrugada se llego a mencionar la posibilidad de que Kerry impugnase los resultados y no reconociese la victoria de Bush. Para entonces los guapos y guapas reunidos en el Reagan Center ya llevaban una hora entre sentados y tumbados en el suelo. Nadie aparecía sobre el escenario. Tuvo que ser el jefe de protocolo del la Casa Blanca Andy Car quien les anunciase que Bush no iba a aparecer todavía a pesar de que “estaba convencido de que había ganado”. ¿Se hacen ustedes cargo del papelón que supone aparecer ante la opinión pública mundial con 5 horas de retraso sobre lo previsto para, en lugar de anunciar a un victorioso presidente,  decir que Bush se queda en el despacho oval al otro lado de la Avenida Pensylvania?  Y lo de tranquilos, que “ estamos convencidos de que hemos ganado”…qué quieren que les diga, daba vergüenza ajena  Ni los dolares que, me imagino, habían cobrado aquellos figurantes sirvieron para evitar el murmullo de decepción que recorrió la sala.

Y así se hizo de día. De día en Washington, claro, porque en Euskadi hacía 7 horas que había amanecido y los compañeros de Iurreta nos llamaban preguntando que narices estaba pasando. No se podían creer que todavía no hubiese ganador. Finalmente, tras un mañana de incertidumbre,  Kerry compareció en Boston y poco despues, a las 15:00, lo hizo Bush. ¿Saben qué hora corresponde a las 15:00 hora de Whasington? Pues sí, a  las 21:00 de Euskadi, o sea,  la hora a la que empieza Teleberri 2. Estupendo, lo cuentas en directo y ya está dirán ustedes. Cierto, salvo por un pequeño detalle sin importancia. Como las posiciones de directo hay que contratarlas con semanas de antelación y se suponía que para el miércoles 3 por la tarde ya iba a estar todo decidido, nuestra conexión había que realizarla desde la plaza de enfrente del edificio. La imagen del Capitolio al fondo quedaba muy bonita, si señor, pero la noticia estaba dentro del Reagan Center, no fuera. Y allí estaba yo “to colgao” que diría en Jonan  (Olatz tenía que entrar desde otra posición) y sin posibilidades de enterarme de lo que estaba diciendo Bush. Por desdramatizar añadiré que tampoco esperaba ninguna declaración brillante o rompedora del individuo en cuestión.

Unos minutos antes de las 15:00 (las  21:00 para ustedes) vimos pasar junto a nosotros el coche presidencial. Como en las películas, oigan. Grande, negro y rodeado de guardaespaldas.

Cuando me dieron paso,  Bush llevaba un par de minutos hablando. Por suerte había seguido el consejo numero 1 para cualquier enviado especial: llevar una radio. Mientras por una oreja me hablaban desde Iurreta por la otra escuchaba lo que iba diciendo el candidato republicano. Cuando llego el momento del enlace (y digo yo que por la solidaridad que da compartir el idioma) el joven chileno que estaba al cargo de la unidad móvil sacó una pequeña televisión portátil y sintonizó una cadena cualquiera. Daba igual, todas estaban ofreciendo la misma imagen: Bush aclamado por sus seguidores (los guapos y guapas habían regresado) en el interior del edificio que teníamos enfrente. 

En el pequeño monitor de aquella televisión de mano no era fácil distinguir nada, pero era suficiente para saber si Bush seguía hablando o a había terminado. Por cierto, que a la vuelta a Iurreta lo primero que hice fue sugerirle al departamento de producción que comprase unos cuantos de esos mini televisores para utilizar también en Euskadi pero no me hicieron ni caso. En ETB y en la mayoría de las televisiones los directos se hacen sin monitor. En Estados Unidos, que yo sepa, sí los usan.

Y allí termino nuestra aventura americana. Antes de despegar hacía Bilbao vía Frankfurt pensé:

-Uf, queridos yanquis, os lleváis una joya para otros cuatro años.

La apuesta por estar presentes en este tipo de eventos internacionales y el interés que demostró la dirección de informativos por extender la red de corresponsales  fueron, a mi juicio, dos grandes aciertos.

En los estudios cualitativos mucha gente destaca el valor de la cercanía cuando habla de ETB,  pero, paradójicamente, esa cercanía no se trabaja sólo entrando en directo desde la  feria de Ordizia o preguntando obviedades en el Boulevard de Donostia al hilo de la última polémica local. No. Lo que valora el espectador no es la cercanía  con el periodista sino la cercanía con la noticia Por eso, plantarse en la otra punta del mundo con el txori de Euskal Telebista en el micro es cercanía o que un periodista que conocemos como “de casa” se desplace a miles de kilometros par informarnos de un terremoto o un tsunami es cercanía. Cercanía no es solo preguntar en el Paseo Nuevo de Donostia “qué le parecen a usted las olas” . Cercanía es tener las mejores imágenes porque sabes dónde hay que poner la cámara y a qué hora.

Periodistas como Olatz Arrieta, Felipe Etxebarria, Vanessa Sanchez, Cristina Zorita, Xabier Madariaga, Bertha Gaztelumendi, Begoña Cortina, Olatz Simon, Ander Arzak, Ane Roteta y tantos otros enviados especiales han sido, probablemente los que más han hecho por ETB a la hora de que esta televisión sea percibida como “cercana”. Ellos nos acercaban –y nos acercan- a la noticia por lejana que esta fuese. Eso y saber quién es tu público y qué temas le interesan -asunto este clave y directamente ligado a la línea editorial-  es cercanía.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
Esta entrada fue publicada en 2000 Teleberris, teleberri. Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a Capítulo 20: Bonita corbata, tío.

  1. Edu Araujo dijo:

    …”plantarse en la otra punta del mundo con el txori de Euskal Telebista en el micro es cercanía o que un periodista que conocemos como “de casa” se desplace a miles de kilometros para informarnos de un terremoto o un tsunami es cercanía.”
    Amén!. Una gran verdad. No solo eso: es motivo de orgullo para un vasco veros allí, entre los CNN’s y los BBC’s informándonos. Al fin y al cabo somos nosotros los que os enviamos y pagamos los gastos. Somos nosotros los que pensamos que vale la pena el esfuerzo (nuestro y vuestro) con tal de recibir información directa de lo que pasa en el Mundo. Dos millones de pelagatos en un mundo inmenso, sí…pero dos millones de pelagatos que se interesan lo suficiente por estar informados como para tener profesionales y un medio público capaces de hacerlo.

  2. belarrondoko dijo:

    Beste behin ere, kronika ederra Juancar!

  3. Edu Araujo dijo:

    Por cierto!: gran profesional Josean Cabarcos!. Y, sin desmerecer a ninguno de los nombrados, Begoña Cortina desde Londres sorprendía por su soltura desde la primera crónica!.
    Esto hay que arreglarlo COMO SEA!. Sencillamente no puede echarse a perder.

  4. eneko dijo:

    jc, beste behin ere ederra!!

    ps: hauteskunde itzulipurdikoa martxoaren 14an izan zen, martxoaren 11ko gertakarien ondorio
    pps: rating-erako estatuko potentziala 43 miloitik gora behar litzateke

  5. mai dijo:

    Cercanía no es solo preguntar en el Paseo Nuevo de Donostia “qué le parecen a usted las olas”

    nik ikusle bezala idazten dut eta erabat ados nago honekin. horretarako badaude Euskadi directo eta antzekoak. Teleberritako korrespontsalak dira neurri handi batean ETBri “seriotasuna” ematen diotenak eta egia esan, ilusioa eta guzti egiten du horrelako gauzetaz informatzeko TVE jarri behar ez izateak.

    eskerrik asko kronika hauengatik

  6. beste bat dijo:

    me he leído los 20 capítulos del tirón, en desorden pero sin poder parar… una gozada, de verdad. sigue con ello, por favor, y lo de hacer un libro, te lo agradeceríamos un montón de gente (yo la primera, que me solucionarías el regalo de olentzero para la ama 😉
    muchísimas gracias y sigue con ello por favor!

  7. Edu Flint dijo:

    Bueno, bueno… Parece que se van desvelando algunas claves para comprender lo aparentemente incomprensible:

    El PP registró ayer en el Congreso una proposición de ley para permitir a las comunidades autónomas que puedan privatizar la gestión de sus televisiones autonómicas.

    http://www.deia.com/2010/11/17/politica/euskadi/el-pp-apoya-privatizar-las-televisiones-de-todas-las-autonomias

  8. Pingback: Los números de 2010 | Once upon a time in the web

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