Capítulo 18. Ellos y nosotros

 

A partir del año 2.000, tras la segunda victoria electoral del PP,  el panorama mediático en Euskadi empezó a polarizarse de manera directamente proporcional al avance de eso que en términos ortodoxos conocemos por “mayoría absoluta” y que en términos más castizos los comentaristas políticos denominan “el rodillo”.

No recuerdo exactamente cuándo terminamos de tirar a la basura conceptos como la ecuanimidad, el sentido crítico, el mínimo contraste de las fuentes. No sé cuándo empezamos a poner mirada condescendiente a los que hablaban de profesionalidad, servicio público y otras veleidades pero tuvo que ser por aquellas fechas  entre los años 2000 y 2004. Sí sé que lo hicimos un poco entre todos. La honestidad en el panorama mediático empezó a escasear de manera alarmante y de aquella utopía llamada “objetividad” no hablo por no ofender.

Con la segunda legislatura  de Aznar los relatos informativos de las dos televisiones públicas que emiten en Euskadi empezaron a divergir a una velocidad y con una intensidad no conocida hasta entonces. Si en TVE asomaba un nacionalista vasco era porque había metido la pata. Si en ETB salía Iturgaiz era para decir una burrada o para hacer el ridículo apretando el botón del escaño de un compañero ausente durante una votación del parlamento vasco.  Del PSOE no había noticias porque bastante tenía con remontar la profunda crisis en la que había caído tras su festival de primarias, congresos y pugnas internas. Nombres como Cipriá Ciscar,  Joaquín Almunia, Jose Borrell o la propia Rosa Diez son algunos de los que protagonizaron aquellos años convulsos hasta la aparición de un desconocido diputado castellano-leonés llamado Jose Luis Rodríguez Zapatero.

A la polarización informativa contribuyó notablemente la línea editorial de TVE y los nuevos rostros que poblaron Torrespaña. Empezando por Alfredo Urdaci y siguiendo por personajes que hoy pueblan los canales más próximos a la extrema derecha.

De aquellas fechas recuerdo un debate que me tocó moderar y que se grabó en una sala noble del Palacio Miramar de San Sebastián. El programa estaba planteado como un cruce de argumentos entre  partidos nacionalistas vascos de la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra e Iparralde. Partidos nacionalistas vascos debatiendo sobre el nacionalismo vasco. A alguien le podrá parecer sectario pero yo creo que es una estupenda fórmula para centrar el tema y poder profundizar en los planteamientos y contradicciones de cada cual.  Otra cosa es –y lo lamento- que a la semana siguiente a la televisión pública vasca no se le ocurriese hacer el mismo debate con los partidos no nacionalistas vascos.

Serían cerca de las 12 de la noche cuando, después de desmaquillarme  y despedirme de los compañeros de la productora que había organizado el debate (entre ellos una periodista llamada Aintzane Ezenarro, ¿les suena?) cogí el coche para irme a casa y  puse la radio.   

Soy de la opinión de que un periodista, lo primero que debe leer/ver/escuchar son los medios de la competencia. Así uno sabe a qué atenerse y, oiga, siempre se aprende algo porque buenas ideas y buenos profesionales los hay en todos los medios. El caso es que enchufé Radio Nacional en el momento que el conductor de la tertulia nocturna de actualidad saludaba a Carlos Dávila.

     -Buenas noches, Carlos.

     -Buenas noches…perdonad el retraso pero es que no      podía despegarme de la televisión. Estoy viendo ( el debate se grababa y se emitía con una hora de diferencia)  la ETB por satélite y asistiendo a una orgía nacionalista. Un supuesto debate, porque ya me dirán ustedes qué van a debatir si todos son nacionalistas vascos (  comentario que evidencia  un profundo conocimiento de la realidad vasca) . Un orgía de la que participa activamente el supuesto moderador, un tal Etxebarria ( rigor, una vez más rigor, hasta al citar el apellido)  

Uf, qué miedo.

Pero, sí, ese era el concepto dominante que fuera de Euskadi algunos difundían sobre los informativos de ETB, si bien es cierto que en alguna ocasión dimos motivos.  ETB también tuvo su cuota de responsabilidad en la polarización informativa y el ejemplo más evidente se produjo con motivo de la huelga general que en junio del 2002 todos los sindicatos convocaron  contra la política económica del gobierno Aznar.

En Euskadi el “ellos y nosotros” que da nombre a este capítulo se tradujo en una doble convocatoria de huelga : ELA-LAB tratarían de paralizar Euskadi el 19 de junio y CC.OO-UGT harían lo propio el 20 junto al resto del estado español

La víspera de la primera convocatoria, el 18 de junio, la mayoría de la redacción del Teleberri 1 nos fuimos a casa sin saber qué servicios mínimos se habían establecido para el primer día de huelga. Imaginábamos que, como en anteriores ocasiones, nos tocaría trabajar con intensidad porque los informativos siempre se incluían en los servicios mínimos. A fin de cuentas hoy día las huelgas se hacen para salir en la tele, ¿no? Lo que no llegamos a imaginar es que nuestros jefes estuviesen pensando en hacernos trabajar tanto.

Cuando llegamos a Iurreta la mañana del 19 nos enteramos de que los servicios mínimos incluían: avance informativo a las 9:30, informativo especial a  las 13:00 y Teleberri 1 de 50’ casi monográfico sobre la huelga a las 14:58. Puede que el horario fuese otro, no lo recuerdo bien, pero era algo así

     -Joder con los servicios mínimos. Serán servicios máximos. ¿Y esto cuando se ha decidido?, dijo alguien.

    -Ayer por la tarde. Está pactado con ELA y LAB

    -Ya…¿y mañana? ¿Con la otra convocatoria…? ¿Igual?

    -No. Mañana todo normal. Teleberri y punto.

Todo normal. Normal le debió parecer a alguien pero no a la mayoría de los redactores que estábamos allí. Una cosa es la disciplina laboral y el respeto a la línea  que marca una dirección y otra diferente encender un altavoz para una parte de la sociedad y apagarlo para la otra desde un medio público.

Aquel 19 de junio no cumplimos los servicios mínimos establecidos por la dirección de ETB. El Teleberri acudió puntual a su cita y dedicó muchísimos minutos a la huelga general. Y al día siguiente hicimos exactamente lo mismo.

A nivel interno aquello tuvo consecuencias y están documentadas pero de aquel episodio me quedo con dos detalles:

El primero, los datos de audiencia del día siguiente. El Teleberri 1 del día 19 tuvo un share superior al 27% y un rating de casi 10 puntos, unos 220.000 espectadores. Un magnífico resultado para un buen informativo porque todos, los que rechazamos los servicios mínimos y los que no, tratamos de hacer aquel día el mejor Teleberri posible para dejar claro nuestro compromiso con la información y no con el carnet sindical del bolsillo de cada cual.  Por eso al día siguiente, con la convocatoria de UGT-CC.00, volvimos a bordar el Teleberri. Cuando el 21 de junio llegaron los datos de Sofres un cosquilleo se apoderó de mi estómago: 31% de share, 11 puntos de rating,  240.000 espectadores. El Teleberri 1 más visto de la historia de ETB.  Todavía hoy, 8 años después, sigue estando en el Top 5 de los Teleberri 1 junto a alguna gran nevada y a otros acontecimientos que irán apareciendo en este relato.

Al éxito de aquel Teleberri del 20 de junio del 2002, todo hay que decirlo,  contribuyeron notablemente el director de informativos de TVE y sus mariachis. Cuando a las 3 de la tarde los espectadores habituales del Telediario que aquella mañana no habían tenido autobús, ni  pan, ni colegio para sus hijos, pusieron su informativo preferido y escucharon que “la convocatoria de huelga general apenas se había dejado sentir y que la situación era de práctica normalidad”…cambiaron de canal. Lástima no haber guardado la gráfica de Sofres de aquel día. Comparando las curvas de evolución de audiencia se veía perfectamente como a medida que el Telediario glosaba “su normalidad” , los espectadores migraban a ETB-2. Aquel glorioso Telediario le costaría a TVE una condena firme por manipulación informativa, algo sin precedentes, y dejaría para la historia de los medios en España  aquello de “ce, ce. o, o” que leyó Urdaci por no leer “Comisiones Obreras”.  El grave error de tratar de contarle a la gente algo diferente de lo que la gente estaba viviendo lo repetiría 2 años más tarde no ya TVE sino el propio gobierno popular, con consecuencias políticas devastadoras para ellos mismos. Hablo del 11-M, pero a eso ya llegaremos.

El segundo detalle, para mí el más importante, fue constatar que la dirección de ETB supo reflexionar sobre lo ocurrido. Tras la bronca inicial y aunque fuera echando mano de argumentos sacados de “La Hora del Humor”, la dirección hizo agua de borrajas con el  plante de la redacción y  no hubo sanciones ni represalias para nadie. Pero no sólo eso. Tengo la sensación de que a partir de entonces el márgen de independencia de los redactores de ETB creció un par de peldaños. No volvimos a tener que enfrentarnos a un episodio parecido. No sé si nos ganamos el respeto de alguien o simplemente nuestra actitud sirvió para que ese alguien se diese cuenta de que hay lineas que no se pueden ni se deben traspasar y que una cosa es la legitimidad de una linea editorial o incluso de una mayoría social y otra distinta la falta de respeto a los principios básicos de la profesión periodística. 

       

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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3 respuestas a Capítulo 18. Ellos y nosotros

  1. Edu Araujo dijo:

    Joer!. Esta entrada es absolutamente complementaria con la anterior (“Mejor hablamos de Ken Zazpi”)!. Está claro que ese grado de parcialidad “legítima” que hemos admitido en Periodismo calificándola de “línea editorial” también tiene que tener límites, más diáfanos todavía en los medios públicos. Y si no son capaces de respetarlos, al menos que se respeten la dignidad de los que están tratando de ganarse el pan haciendo su trabajo. Pero bueno… no creo que sea algo que sean capaces de aprender: es cuestión de carácter, de tipo de personas.

    • Hay una canción de Silvio Rodriguez que dice “pueden ser casualidades/ u otras rarezas que pasan”. A ello me remito porque este relato cronológico de pronto parece cobrar actualidad. Ojalá sepamos aprovechar la crisis para reconducir una situación que a los últimos a los que nos beneficia es a los profesionales de ETB.

  2. Pingback: ¿Acertaré? | Once upon a time in the web

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