Capítulo 16. Gero arte, Letizia.

Ninguna ciudad me ha impresionado tanto como Nueva York. Cuando vi Manhattan desde el aire durante la maniobra de aterrizaje me quedé pasmado. “Así que el ser humano ha llegado a ser capaz de construir una ciudad así”, pensé.

Llegar a Nueva York es  como llegar a Roma en el año 50  después de Cristo o a la Atenas de 200 años antes. Desde el primer instante se tiene la certeza de estar en la capital del Imperio, en centro del mundo, en la ciudad que resume el modelo de lo que conocemos como “la civilización occidental”. Lo de occidental admite matices porque el taxista era pakistaní, el recepcionista del hotel indio y el botones chino.

La expedición ETBra la componíamos Maribel Aizarna, Mikel Repáraz (hoy redactor jefe de internacional de ETB y entonces redactor de Radio Euskadi-Euskadi Irratia), Patxi Hidalgo (productor de ETB) y un servidor.

Maribel había estado varias veces en NY (su hermano, ya se lo he contado, vive allí) y creo que me miraba de reojo y se sonreía al ver mi cara de entusiasmo. Los hermanos Aizarna se fueron a cenar juntos  y el resto nos pusimos a buscar un restaurante que nos había recomendado el cámara Joserra Plaza en Broadway. Joserra es un freelance con mucho mundo, el tipo ideal para preguntarle dónde comer o dónde dormir en cualquier parte del planeta.

Cenamos unos T-bones (chuletas) y unas cervezas y cuando llegó la cuenta Patxi nos informó de que el resto del viaje comeríamos hamburguesas porque acabábamos de fundirnos la mitad del presupuesto.

Nuestro cometido en aquel viaje era, en teoría,   sencillo. Crónicas en directo en las inmediaciones de la Zona 0. Olatz Arrieta se encargaba del trabajo a pie de calle y el resto se cubría a través de la señal en directo de las agencias.

 La UER (Unión Europea de Radiodifusión ) había alquilado una planta entera del Embassy Hotel y toda su azotea para colocar allí sus cámaras y dar servicio a las televisiones del viejo continente, entre ellas ETB y Televisión Española. El Embassy tenía 15 plantas pero era una choza en comparación  con los edificios que lo rodeaban y que estaban copados por las televisiones de Estados Unidos y Asia. Estábamos en el edificio más bajo de toda la Zona 0.

Para la víspera del aniversario de los atentados nos habían encargado una crónica previa. Nuestro productor, Patxi Hidalgo siempre se ha caracterizado por aplicar en su trabajo la máxima de que “es mejor ser un poco pesado y amarrar que andar con prisas e imprevistos”, de modo  que 24 horas antes del directo nos plantamos en el hotel, inspeccionamos el lugar y le dimos un susto de muerte al productor de la UER hasta que descubrió que aquellos tipos de la Basque Public Televisión no tenían que entrar en directo hasta el día siguiente. Bueno, aquello sirvió para que el fulano no se olvidase de nuestras caras y a la hora de la verdad todo saliese como la seda.

Al día siguiente entramos  con una crónica  previa  y nos fuimos a hacer un poco de turismo con el convencimiento de que todo estaba  bajo control. Nos retiramos  pronto al hotel porque, con el cambio horario, para entrar en directo en el Gaur Egun de las 2 de la tarde íbamos a tener que estar en la azotea del Embassy a las 7 de la mañana.

El 11-S salimos de nuestro hotel multirracial a eso de las 5 a.m. La víspera habíamos  hecho el trayecto en 25-30 minutos en taxi así que dos horas (en realidad tres hasta  la conexión) nos parecieron margen suficiente a pesar de los cortes de tráfico y medidas de seguridad que dábamos por descontados. Sí, lo dábamos por descontado pero deberíamos haberle hecho caso  a Frank Sinatra cuando cantaba,  “I m gonna wake up in a city that never sleeps New York, New York”

Jamás pensé que pudiese haber tantos coches en una ciudad a esas horas,  pero los había. La ciudad estaba patas arriba por las estratosféricas medidas de seguridad y no habían pasado diez minutos desde que nos montamos en el taxi cuando nos encontramos en medio de un descomunal atasco exactamente igual al que tantas y tantas veces hemos visto en las películas.

¿Y qué hicimos? Pues, lo que se hace en las películas.

Bajamos apresuradamente del taxi, le dijimos al conductor “quédese con el cambio” y empezamos a correr entre los coches rumbo a la Zona 0. Estábamos aproximadamente a tres kilómetros del Embassy y eran las 06:30 a.m. Mostrándo nuestras acreditaciones y nuestros pasaportes conseguimos convencer a un policía para que nos dejase acortar por una zona restringida y cruzamos corriendo Tribeca y parte del Low Manhatan. A pesar de los nervios y la angustia por llegar (no sabíamos qué más dificultades o controles de seguridad íbamos a encontrar o si el siguiente policía no sería tan comprensivo como el primero) el recuerdo que tengo de aquel momento es irrepetible. Correr por un Nueva York semi-desierto, impecablemente trajeado, a las siete de la mañana, mientras amanece y las luces de las farolas se apagan es algo que nunca, nunca, nunca podré volver a hacer.

Llegamos al Embassy a eso de las siete y cuarto, 45 minutos antes de que Maribel entrase en Gaur Egun. No era demasiado tiempo, pero si suficiente.

Pero todavía no habían acabado los sobresaltos. Llamada de Iurreta.

        -Juancar…

        -¿Sí?

-Soy AneMiren (la editora). Hay un coche bomba de ETA cerca de Zierbana. La Ertzaintza está intentando desactivarlo. No podemos abrir con vosotros así que hay cambio de planes. Prepárate otro texto y aprovecha los minutos que sobren del directo de Gaur Egun para enviar un falso directo por si lo del coche se alarga o se complica y nos quedamos sin franja

Traduzco.  Primero: abrir significa empezar. Se suponía que el aniversario del 11-S iba a ser la primera noticia del Teleberri. Segundo: un falso directo es una grabación del periodista ante cámara con apariencia de directo (si te equivocas, sigues, si te trabas, te aguantas), grabación en la que tanto el presentador del estudio como el que hace el directo se cuidan de no decir que “estamos en directo” o “en estos instantes” para evitar mentir pero a la que ambos tratan de dar apariencia de directo. Es una fórmula de la que no conviene abusar porque entraña muchos riesgos pero que está perfectamente homologada en la profesión. Tercero: la franja es el tiempo de satélite que cada televisión contrata. Se contrata un mínimo y a partir de ahí se paga por extras de 5 minutos. Cuando las franjas están todas vendidas, si te pasas un minuto,  te cortan la señal, así que a veces esa coletilla que dicen los presentadores  de “hemos perdido la señal” habría que cambiarla por “como no hemos pagado, nos han cortado la señal”

Retomo el relato. Recompuse el texto y me dirigí a la azotea. El coordinador de la UER nos reconoció de inmediato a pesar que por allí pululaban no menos de 20 cadenas de televisión.

-Hi ETB. Your position is number 7. Everything is ready

        -Thanks. Patxi, apúntate una.

La azotea del Embassy era como la cola del Carrefour. Todo el lateral que daba a la Zona 0 estaba sembrado de cámaras con menos de un metro de separación entre unas y otras. La azotea no tenía pretil de seguridad. Apenas había dos metros entre el objetivo de la cámara y el borde de la terraza que daba al vacio así que la UER había instalado unas barandillas de seguridad, un andamio metálico que al menos nos ayudaba a los periodistas a controlar el vértigo. Con su número en la mano cada periodista acudía a su cámara y esperaba  a que el anterior terminase. La estampa era digna de la pescadería del Eroski.

Las cámaras estaban tan juntas que los locutores casi nos tocábamos con los hombros. Si mirabas a los lados te daba la sensación de estar en un gallinero. Si mirabas atrás te temblaban las piernas. La única opción era mirar adelante, al objetivo de la cámara. ¡No saben nada estos de la UER!

A las 08:50 nos colocamos en posición. Poco antes, aprovechando el final de la franja de Gaur Egun,   yo había enviado el falso directo y estaba relativamente tranquilo. A mi derecha la enviada especial de TVE se retocaba su larga melena y se ajustaba el traje chaqueta y la orejera por la que recibía las ordenes del control de realización de Torrespaña. A la chica  yo la había visto muchas veces en el Telediario de las nueve.

“¿Cómo se llama?”, pensé. “Ah, sí, Leticia Ortiz”.

Yo hice lo propio. Me refiero a que me ajuste la orejera y el traje, no la melena. De pronto una voz  sonó en mi oído izquierdo.

        -Letizia, Letizia. ¿Me escuchas?

        -No soy Letizia. Hablas con ETB.

Creo que el control de TVE no llego a escuchar la respuesta porque enseguida los de la UER se dieron cuenta de que las comunicaciones estaban cruzadas y tocaron la tecla correspondiente para que yo escuchase Iurreta y Leticia escuchase Madrid. Hacía ya muchos minutos que soplaba un viento de mil demonios en aquella azotea y de pronto una violenta ráfaga nos obligo a todos a sujetarnos a la barra de seguridad. Los técnicos empezaron a correr de un lado a otro. Algo pasaba.

        -¿Qué pasa Patxi?

-Se ha movido la paellera.

Traduzco: la antena parabólica .

-Han perdido la señal.

Y así ocurrió. Ninguna TV pudo entrar a las tres en punto desde aquella azotea. A nosotros no nos afectó demasiado porque como abrimos con el coche bomba de Zierbana para cuando no tocó entrar en directo el problema ya lo habían solucionado. En cambio nuestros compañeros de azotea estaban que fumaban en pipa.

-Joder. Venir hasta aquí y no poder entrar cuanto teníamos que hacerlo. Vaya mierda. A vosotros también se os ha ido la señal?

El comentario era de Letizia Ortiz. Un comentario de lo más normal porque, efectivamente,  que una ráfaga de viento te estropee un trabajo que has preparado durante días y para el que has cruzado el Atlántico es una mierda. Amablemente le expliqué que a nosotros también se nos había ido la señal pero que por circunstancias “del conflicto vasco” habíamos grabado un falso directo para empezar y que para cuando tuvimos que entrar ya se había solucionado el problema

        -Pues vaya potra. 

Acertada sentencia.

Por allí no había mucha gente que hablase castellano así que seguimos de cháchara mientras bajábamos de la azotea por una estrechísima escalera metálica

        -Me llamo Juan Carlos

-Yo soy Letizia. Encantada. ¿Tú eres el corresponsal de ETB en Estados Unidos?

-No, no… yo presento el informativo, como tú. Bueno yo hago el de las 3 de la tarde y tú el Telediario de las 9.

“Y a ti te ven dos millones y a mi, con suerte, 120.000”. Esto último lo pensé pero no lo dije, que uno tiene su orgullo.

-Ah, qué bien.

-Oye, tengo una ex compañera de estudios que está con vosotros. Se llama xxxx. Es donostiarra, como yo. ¿Le conoces?

-¿xxxx? Sí hombre, es muy amiga mía.

Años más tarde me sonreí al ver el nombre de xxxx en la selecta y restringida lista de invitados de la Boda Real. Ciertamente eran muy amigas.

-Pues dale recuerdos de mi parte, pero no le digas de Juan Carlos. Dile de parte de Poto. Ella me conoce por ese mote.

        -¿Poto? Vale.

Pues sí. Mis amigos de siempre me llaman Poto, que viene de “Potolino”. Así me “bautizó” -dada la redondez de mis formas y los kilos que me sobraban- un profesor y amigo, Patxi Ezkiaga, escritor y poeta para más señas, allá por el año 1979 cuando yo estaba en  7º de EGB. Y que conste que esta sarta de intimidades la cuento para que nadie me vuelva a preguntar: “oye…¿y por qué  la dirección del blog es www.potolino.wordpress.com? ¿qué es eso de “potolino”. Hala, dicho queda.   

Regreso a Nueva York y a la conversación con nuestra ilustre conocida.  Maribel Aizarna se incorporó a la charla y tras las presentaciones Leticia le comentó:

-Y tú…como te las has arreglado ahí arriba con este viento y lo delgada que estás?

“Pues anda que tú”, pensó pero no dijo Maribel, que es una persona sumamente educada.  En vez de eso respondió

        -Pues bueno…como hemos podido.

        -En fin…me voy. Agur Poto. Nos vemos.

        -Gero arte, Letizia.

Y allí se marchó pasillo adentro la futura princesa de Asturias. Me pareció una chica muy natural, directa y atractiva. Por cómo se comportó y por el entusiasmo que ponía en su trabajo me atrevo a pensar que echará de menos poder subirse a la azotea de un hotel y hablar con   cualquier compañero periodista de cualquier lugar del mundo. Seguro que extrañará no poder decir  con toda naturalidad que “vaya mierda de ráfaga de viento”  sin estar pendiente de si un paparazzi recoge sus palabras para tratar de dejarla en evidencia.

        -¿Cómo te ha llamado? ¿Poto?

        -Luego te cuento, Maribel.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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8 respuestas a Capítulo 16. Gero arte, Letizia.

  1. que bueno dijo:

    “Correr por un Nueva York semi-desierto, impecablemente trajeado, a las siete de la mañana, mientras amanece y las luces de las farolas se apagan”
    Bua… qué bueno, qué ganas de seguir leyendo. Ah! la foto de la azotea con Patxi al teléfono, Maribel al fondo concentrada y Olatz y tu ligéramente más jóvenes no tiene precio: por favor, más documentos de este tipo en los siguientes post!

  2. “Ligéramente más jóvenes” … Hodei, Hodei…ojo, que de la buena educación y la cortesía a la manipulación informativa apenas hay un paso. 🙂

  3. Regi dijo:

    Juancar, me has dejado enganchado a este relato. Eres el “puto amo” en versión gipuzkoana!!!

    Le tendré que recomendar a los “plumis” nuevos que te lean antes de que empiecen a escribir una sola línea de escaletas!!!!

    ZORIONAK!!!

  4. Edu Araujo dijo:

    Me sumo a los comentarios!. Me has hecho visualizaros corriendo por las calles de Manhattan!. Estas “entradas” de blog merecerían ser puestas en papel y pasta dura! (o edición de bolsillo pero papel). Espero que haya bastantes más y poder estar en la presentación del libro para que me estampes una dedicatoria: ” de Poto, el compañero de su Alteza en la azotea, con cariño…”. Me imagino que te lo habrán dicho más veces con algún otro sentido pero ahí va: No pares! ;P

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