Capítulo 12 Teleberri 1

Jaime Otamendi había llegado un año antes a la dirección de informativos de ETB y había apostado por “refrescar” la redacción. Suyas fueron las apuestas de potenciar y renovar las corresponsalías en el extranjero como Nueva York, Londres, Paris y, más adelante, América Latina.

También recibió el encargo de construir una estructura estable de mandos intermedios o jefes de área que ejercieran a modo de jefes de sección aunque sin periodistas concretos adscritos a cada negociado. A toro pasado, creo que la apuesta se quedó un poco a medias entre otras cosas por eso que se llama “el factor humano”, es decir, porque la dedicación y el nivel de los que formaban esa estructura eran muy heterogéneos e iban de lo brillante a lo manifiestamente mejorable. En cualquier caso sería injusto no reconocer que esa reorganización supuso un gran avance respecto a lo que había hasta aquel momento, o sea,  la nada. Quiero decir que partíamos de un autentico desierto en materia de estructura de redacción.

 Hasta entonces, con unos informativos en los que editor y coordinador eran los únicos que asumían responsabilidades organizativas y casi todo el resto esperaba en su mesa “a ver qué le mandaban”, diariamente se escapaban previsiones, convocatorias y hasta noticias importantes por la simple razón de que nadie estaba a cargo de ello.

Además de poner en marcha esa estructura de jefaturas que, insisto, contribuyo a mejorar la forma de trabajo de los informativos,  la nueva dirección intentó también des-institucionalizar el producto abriéndose a otros formatos y contenidos y sobre todo promoviendo un lenguaje más moderno y directo en el relato de las noticias.

En unos  informativos copados por ruedas de prensa de sindicatos, políticos, organizaciones de consumidores, rectores de universidad, diputaciones y ayuntamientos…empezamos a tratar de hacerles hueco a otras informaciones. Se abrió la veda para tratar de desplazar de su púlpito a los que Julito solía llamar “ los calvos”  

            -Etxebe, hay que rehacer el video de TB1 sobre la negociación colectiva. ¡Está lleno de calvos!

En esa renovación Otamendi decidió apostar por mí y por Africa Baeta para presentar la primera edición de Teleberri. La edición se la dio a Ane Miren Lizarralde, hasta entonces coordinadora de  Uxue Barcos en los informativos diarios. Uxue se volvió a trabajar a la corresponsalía de Madrid.

Yo estaba a gusto con Julio pero ya he explicado el desgaste personal que me suponía el trabajo de coordinador en turno de tarde. La oferta me gustó y acepté.

¡Cuántas veces me he acordado de aquello, de la suerte que tuve y de la oportunidad que se me dio! Tengo muy claro que en ETB había y hay estupendos profesionales que también podían merecerla y por eso me considero un gran privilegiado. No es una frase vacía, lo digo de corazón. Por supuesto que mi trabajo estaba sobre la mesa y que no me regalaron nada  pero otros no tuvieron la oportunidad que yo si tuve y aproveché. Soy un tipo con suerte.

Dicho esto, me toca añadir que aquel curso 2000-2001 fue muy difícil para mí en el plano personal. Ocurrieron muchas cosas en mi entorno familiar…algunas maravillosas como el nacimiento de mi segunda hija…otras terribles como la repentina enfermedad de mi suegra que moriría un año después.

En lo profesional, el equipo -y por supuesto me incluyo- empezó con muchas dudas. Nos faltaba grasa. Las piezas podían ser las adecuadas pero necesitábamos compenetración y rodaje. Las audiencias no funcionaban, es más, eran desastrosas. Bastante parecidas a las actuales e incluso más bajas. Entre los grandes problemas, la falta de un buen access, esto es, un programa que precediese al informativo y funcionase medianamente bien. Un programa que dejase el suficiente  porcentaje de espectadores enchufados a ETB-2 como para que Teleberri 1 alcanzase una audiencia al menos similar a la media de la cadena

 Se probó de todo: concursos infames presentados por estrellas de la televisión estatal venidas a menos, series americanas, otra vez concursos infames, otra vez series no americanas…pero indefectiblemente el programa que nos precedía tenía menos picos de audiencia que la estepa rusa. Pasaron muchos meses hasta que alguien dio con la tecla llamada “Date el bote”. A Carlos Sobera ( por personalizar y sin quitarnos meritos a nosotros mismos)  le debemos unas cuantas tardes de gloria de Teleberri 1.

Otra novedad para mí fue presentar en pareja.  La fórmula, como todas, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las primeras la más importante es -perdón por la perogrullada- poder contar con dos rostros y dos voces distintas. Que todo el trabajo de conducir un Teleberri frenético como es el de las 15:00  se divida entre dos es una gran baza en la difícil tarea de garantizar el rigor y la calidad de la presentación. Item más. En un informativo de 45 minutos la variedad de registros que aporta la presencia dos presentadores es fundamental  para que el  producto resulte más ágil y atractivo.

 La “pareja televisiva”, cuando está bien compensada,   aporta matices, contrapuntos, detalles que enriquecen la presentación de la historia que vamos a contar. Como es normal cada presentador tiene su estilo pero debe saber adaptarlo al de su pareja. Yo creo que un buen tándem de presentadores debe funcionar como un dúo de concertistas: ambos leen la misma partitura, un  complejo pentagrama que -a una hora concreta en un lugar concreto- deben interpretar juntos. Puede que cada uno por separado sean magníficos músicos y probablemente cada uno de ellos quiera y pueda dejar su impronta en la ejecución de esa partitura….pero ambos deben recordar que por encima de sus estilos, gustos y hasta de sus criterios, se deben a dos cosas: a la música y al público. En el caso que nos ocupa, a la información y a la audiencia. 

Pero ni siquiera basta con eso. La pareja de presentadores –como el dúo de músicos- necesita química. Es algo muy difícil de explicar. Podría intentarlo diciendo que es una mezcla de confianza y respeto, un intangible que surge de compartir la forma de mirar a la realidad y la pasión por trasmitir esa mirada…pero  tampoco es exactamente eso. Es el feeling,  el buen rollo, el poder reconocer “oye, he metido la pata”, el poder preguntar “esto no me sale, tú como lo ves”, el poder decir “ese titular que has escrito no lo veo claro”, el poder hacer sugerencias o comentarios sin que se  malinterpreten como si fueran desafíos. Que todo eso fluya de forma natural  para que el producto final sea cada día un poco mejor es lo que, a mi juicio, necesita el tandem de presentadores para poder hablar de química.  Química son  De Pedro y Kovacevic, Chillida y el acero, el queso y el vino,  Faemino y Cansado…o como dirían estos últimos…Ramón y Cajal. Con África no encontré la química por más que ambos siempre intentamos hacer el trabajo de la mejor manera posible.  Por eso creo que en vez de ser una buena pareja de presentadores fuimos una pareja de buenos presentadores.

Otro elemento que merece ser comentado en esta etapa profesional fue la decisión de ETB de hacer el Teleberri sobre un decorado no real sino virtual. Un decorado  generado por ordenador que ofrecía muchas posibilidades pero que obligo a una larga temporada de ajustes hasta encontrar una calidad y  definición de imagen “homologables” con otras cadenas. ¡Dios, como llegue a odiar aquel decorado que distorsionaba los colores y avejentaba los tonos de piel!

Un decorado que añadía un plus de presión sobre los presentadores porque todo dependía de un ordenador. Si el ordenador se bloqueaba, el decorado se esfumaba y nosotros aparecíamos sobre un fondo verde fosforito. El primer día que lo usamos, para tranquilizarnos, el regidor nos hizo notar que había un decorado de emergencia y, ni corto ni perezoso desplegó un panel sobre el que habían impreso una enorme foto del decorado, lo que daba al informativo un aspecto de programa de teletienda-concurso-de-televisión-local de las 3 de la mañana. De llorar. Por fortuna, el ordenador nunca falló.

El 2000-2001,  ya lo habrán notado, fue un año que tuvo bastante de travesía del desierto. De esos momentos se aprende muchísimo y entre las lecciones más importantes destacaría la de la confianza.

Para mí y para todo el equipo resulto fundamental la paciencia y confianza con la que actuaron nuestros jefes. Paciencia y confianza tanto con los presentadores como con la edición del informativo. El mensaje fue claro: “chicos, chicas…confiamos en vosotros”. Eso, en televisión, es excepcional y muy difícil de defender cuando día tras día los resultados no acompañan y el tuyo es el informativo menos visto de tu franja horaria. Con los años, la mayoría de los que formamos parte de aquel grupo hemos podido demostrar a quienes confiaron en nosotros que no se equivocaron y que, mal que bien,  hemos sido capaces, cada uno en nuestro puesto, de sacar adelante unos buenos informativos. Pero, en aquel momento, eso no lo podía garantizar nadie. Si hay trabajo y profesionalidad detrás, hay que apostar fuerte por un proyecto en el que se cree. Nadie gana sin arriesgar.

Bueno…ante la horrenda  posibilidad de que el lector empiece a pensar que está leyendo un libro de autoayuda o una columna de Paulo Coello, retomo el relato en su tono y contenido iniciales.

 Como digo, aunque las audiencias no iban bien yo me sentí respaldado. Lo noté especialmente a raíz de uno de los atentados que mayor impacto causaron en la sociedad guipuzcoana. 

En abril del 2001 ETA asesinó al director financiero del Diario Vasco Santiago Oleaga a sólo 300 metros del periódico. La dirección de informativos me pidió que abriésemos el Teleberri en directo desde la sede del periódico en el barrio donostiarra de Ibaeta. Sin prompter, sin apenas tiempo para preparar nada…una cámara y a pelo, como en los tiempos de la corresponsalía de Madrid.

Soy de San Sebastián,  soy periodista y  conozco personalmente a mucha gente de El Diario Vasco  por lo que el asesinato me había causado una impresión sin cabe mayor que en otras ocasiones. No voy a ocultar que, además, sentí miedo. Estaba bastante claro el mensaje que ETA estaba dando a todos los medios de comunicación con aquel asesinato de modo que lo que ETB hacía era dar un paso al frente.  Sacar  a la calle, por primera vez en mucho tiempo, el arranque de un Teleberri con uno de sus presentadores en el lugar del atentado no se hacía porque sí. Era una decisión editorial de la casa (esa misma casa a la que se le ha acusado no ya sólo de tibieza sino de “dar bola a ETA” ) y a mí me tocaba poner la cara.

“Amigo -pensé- eres presentador para lo bueno y para lo malo”, así que me vestí, me cogí un taxi y me planté en Donostia a sólo una hora del comienzo del informativo. Sin papeles, sin un monitor en condiciones para saber cuándo entraba o salía un video, hice aquel directo con toda la profesionalidad y al mismo tiempo con toda la contundencia de las que fui capaz.

Son momentos en los que hay que gestionar muchas emociones, desde los nervios del directo a la tristeza, la rabia, o incluso, insisto, el miedo, que es lo que sentí cuando en medio del directo apareció un joven de pinta un poco extraña, me miró directamente a los ojos y sin decir nada sacó una cámara desechable, me hizo media docena de fotos  y se largó a paso acelerado.  A esas sensaciones personales añádanle ustedes el silencio de los compañeros del asesinado, las miradas, los abrazos, y las lágrimas.

Relatar los hechos de forma ordenada, clara y lo más objetiva posible es la primera norma del periodista pero yo también creo (lo decía antes al relatar el asesinato de José Couso)  en la necesidad de trasmitir emociones, porque sin ellas la información es incompleta. Por eso creo que el periodista debe acudir a los sitios para conocer los hechos, por supuesto,  pero sobre todo para empaparse de las emociones y tratar de trasmitirlas en su crónica.

Al día siguiente,  el corresponsal político del Diario Vasco, años más tarde, caprichos del destino,  director general de EITB, Alberto Surio, escribió un artículo titulado “El alma herida” en la contraportada de su periódico. Un artículo del que años más tarde yo entresacaría una frase para despedir el Teleberri el día en que ETA coloco 100 kilos de explosivos junto a la redacción de ETB. Esa frase dice así: “No nacimos para ser héroes ni mártires, ni siquiera para ser periodistas valientes, pero la dignidad humana nos obliga a resistir con entereza con la única fuerza que tenemos, la de la palabra”. Suscribí y suscribo la reflexión.  Del atentado contra EITB ya hablaré más adelante.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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9 respuestas a Capítulo 12 Teleberri 1

  1. El jukebox dijo:

    Recuerdo perfectamente que hiciste tuyas las palabras de Surio -creo que sin mencionarle expresamente- aquel día del atentado contra EITB. Bueno, de hecho, lo recuerdo con relativa frecuencia.

    Saludos

    • Efectivamente no le mencioné. Lo estuve valorando ( lo poco que pude valorar aquel día, que tendrá capítulo propio en “2000 TB”) para reforzar la idea de que periodistas/ medios de lineas editoriales muy diferentes podían coincidir en el NO aquella barbaridad…pero al final me quedé solo con el mensaje. Muchos meses antes de lo de ETB, en un post de un “Politicamente Incorrecto” ya hable con él de “El alma herida”. Lo tengo guardado. Aver si llega el dia en que lo puedo ( lo podemos) guardar definitivamente

  2. Mirentxu dijo:

    Eskerrikasko por contarnos tus andanzas…Al leerte noto inconscientes muecas de sonrisa en mi cara…Quizás porque haces que recuerde…
    Has conseguido que me enganche a tus simpáticos relatos.
    Animo!

  3. iturri dijo:

    Kaixo,

    Yo también estoy enganchado a tus andanzas.

    No te agobies por la gente. Ponte un ritmo y sube los artículos según eso. Por ejemplo, haz que se activen a la misma hora cada día o cada dos días o cada tres días (cuando tú decidas)-

    Y creo que es mejor que los sueltes de uno en uno, que de dos en dos, porque así los estamos devorando.

    Es mi opinión, pero puedo estar equivocado.

    Agur.

  4. El jukebox dijo:

    No, si me parece guay que no lo mencionaras. Lo que sí te digo es que citaste la frase con una ¿intensidad? ¿dolor? ¿indignación? No sé, llámalo como quieras, que me hizo acordarme de inmediato de quién era, aunque no lo había vuelto a leer. Y ya te digo que no lo he olvidado. Fue como cuando escuchas a alguien decir la verdad, que te fijas, aunque no quieras.

    • Alberto lo escribió en su momento desde dentro y a mi se me quedó grabado. Y…sí… también me pasa eso que acabas de sintetizar perfectamente: cuando uno escucha algo que sale de dentro, de verdad, eso capta la atención como por arte de magia. Se llama comunicación. Cuando estás junto a alguien puedes sentirlo físicamente. Basta con mirar a los ojos. Lo dificíl es conseguirla a través de un papel, un micrófono o una cámara. Y en eso estamos, ¿no?

  5. El jukebox dijo:

    Pos sí, así es.

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