Capítulo 4 En memoria de José Couso.

El 8 de abril del 2003,  24 horas antes de que el mundo viese caer la estatua de Sadam Hussein en el centro de Bagdad, un teletipo escupió la noticia:  “(Urgente) EFE “Herido un periodista español en Bagdad”. En la redacción de Iurreta a todos se nos aceleró el corazón porque Joseba Iriondo, Joshean Cabarcos (productor)   y Joserra Plaza (cámara)  estaban allí. El siguiente teletípo aportaba más información.

-“ El cámara de Tele 5 Jose Couso ha resultado herido de gravedad  por una explosión registrada en el Hotel Palestina. Según fuentes médicas podría sufrir la amputación de una de sus piernas”.

Mientras muchos compañeros suspiraron  aliviados me puse de pie en la redacción

-Es José…es José

Mis palabras se perdieron  en medio de la indiferencia general. Me vi a mí mismo buscando con la mirada a alguien que supiese de quién estaba hablando. Creo que dije en voz alta:

-¿Qué va  hacer sin una pierna?.

El silencio que recibí  es uno de los peores recuerdos de mi vida y al mismo tiempo una de las lecciones más tremendas que me ha dado esta profesión sobre la naturaleza humana: cuando el asesinado no tiene voz, cuando no tiene rostro, ni historia ni familia, ni sabes cómo se ríe, ni como habla, ni cómo mira, ni cómo se enfada, ni cómo sujeta un Ducados o cómo pide 3 cañas…cuando el asesinado es sólo un nombre y un apellido…no existe, no importa, no duele. Si no contamos la historia de las víctimas de los asesinatos, si no le damos al lector/oyente/espectador los elementos que necesita para sentir lo sustancial que acompaña a un asesinato y que no es otra cosa que el dolor,  no contamos lo realmente importante de la noticia. La muerte de José me enseñó eso y he procurado no olvidarlo. Por desgracia mi profesión y mi país me han dado sobradas oportunidades para aplicar lo aprendido.

Poco después llego el teletipo que  confirmaba que José Couso había muerto. El resto de la mañana la pasé en una nube y sólo reaccioné cuando nos confirmaron que Joseba y compañía estaban bien. De hecho fue Joserra Plaza quien se ofreció a Jon Sistiaga para que Tele 5 pudiese hacer sus crónicas en directo en los días posteriores

Joseba Iriondo había trabajado al menos 4 años con Jose Couso en la corresponsalía de Madrid y estaba muy afectado. Para él tuvo que ser terrible el directo que hizo aquel día contando cómo un tanque americano había disparado contra el hotel y había matado a José y a otro periodista ucraniano. También relató que el alto mando americano había explicado  que el tanque había  detectado la presencia de francotiradores en los balcones, algo que ninguno de los periodistas presentes había visto.

Intento ponerme en el lugar de Joseba. Nunca hablamos de aquello, ni siquiera cuando  escribió su libro “Hotel Palestina” y leí su  relato de aquellos hechos. Y no lo hicimos porque realmente, no hacía falta decir nada. El día que Joseba llegó a la redacción de Iurreta  después de la caída de Bagdad todos le rodearon, le besaron, le abrazaron y él contó cómo había sido la experiencia. Yo me mantuve aparte. Cuando la gente hubo vuelto a sus mesas nos quedamos solos en un aparte y nos miramos a la cara por primera vez. No dijimos una sola palabra. Nos abrazamos y nos echamos a llorar. No hemos vuelto a mencionar aquello.

El caso Couso no ha acabado. En este enlace Ramón Lobo expone  un detallado análisis de las responsabilidades de quienes no hicieron todo lo suficiente para que los asesinos de José fuesen juzgados. El relato comienza con una terrible foto de Jose sobre la mesa de quirófano, una foto que personalmente me destroza y que me gustaría no haber visto nunca. No se la recomiendo. De hecho creo que está de sobra. El resto del material, en cambio, me parece imprescindible y de obligada lectura.

Pero este pequeño homenaje a Jose Couso me ha desviado de mi relato. Vuelvo a 1994.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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3 respuestas a Capítulo 4 En memoria de José Couso.

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  2. RafCruasan dijo:

    Tremenda entrada! Imprescindible.

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