Capítulo 3. Mus, mentiras y cintas de video.

Cuando no estábamos en el descansillo del juzgado número 5 -el de Garzón- o en el del número 1 -el de Gómez de Liaño-,  nos juntábamos en el hall cerca del teléfono público de la entrada que sonaba cada media hora. El 91-xxx xxx era un teléfono mágico.  Era el teléfono que permitía comunicarse con redacción sin tener que salir de la Audiencia Nacional a la cabina más cercana, la de la calle Génova.

Aunque suene a crónica del pleistoceno, en el año 1994 el teléfono móvil era el no-va-más-de la tecnología . Sólo unos pocos afortunados contaban con un Motorola y además la cobertura dentro el edificio era pésima. Por eso el teléfono público de plástico verde de Telefónica había sido patrimonializado por los periodistas de tribunales. Cuando sonaba,  siempre lo cogía uno de nosotros.

–Riiiiiiiinggggg

-¿Sí?

-¿Está por ahí la de Radio Nacional?

-Sí, un momento…Luuuuuuuuuuz¡¡¡¡ (Luz Montero)

Las tardes eran incluso más de andar por casa.  Aquello rozaba el costumbrismo. El edificio se cerraba al público y nos solíamos quedar junto al detector de metales,  en una humilde mesa de aglomerado que por las mañanas se usaba para el control del DNI de los que entraban por la calle Génova.  Allí jugábamos al mus y hacíamos turnos para ir subiendo a los despachos a tratar de enterarnos de lo que estaba pasando.

Los más veteranos trabajaban  (y por lo que leo y escucho de algunos, siguen trabajando) con “línea directa”, así que no tenían que chuparse todas las guardias. A pesar de ello,  venían por una mezcla de compañerismo, inercia, vergüenza torera y por salir de sus respectivas redacciones a pasear. A los demás no nos quedaba más remedio que meter horas para pillar las migajas de alguna buena “rajada” del juez o fiscal de turno.

Fuera del edificio los cámaras también se turnaban y se repartían las entradas. No éramos muchos  y siempre estábamos  los mismos así que imperaba la camaradería y el tráfico ilegal de imágenes sobre todo entre los de la FORTA (Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómicos) también conocidos como “los periféricos”.

         -A ver…Garzón está para salir y Amedo todavía sigue abajo. TV3 que cubra el garaje, los gallegos y los valencianos la entrada principal y ETB que se quede en Génova por si sale por ahí. Cuando tengamos las imágenes sacamos las cintas y se las damos a César que se las lleva a Goya (Goya 22, entonces sede de la FORTA)  en moto para ir haciendo las copias. Cóuso…los de ETB ¿a qué hora os tenéis que ir?

        -A las 8 tenemos el de euskera. Yo me voy a las 7 y 20.

        -Bueno,  pues si para entonces hay algo nuevo, te lo llevas tú.

Couso. ¿ les suena el apellido? José Couso, el cámara de Tele 5 asesinado en el hotel Palestina la víspera de que el ejército estadounidense tomase Bagdad,  trabajó para ETB en la corresponsalía de Madrid  durante siete años.   Subcontratados a través de una productora, él  y Adolfo (un madrileño de pura cepa, alto, atlético y cachondo) fueron mis cámaras. Formaban un tándem que era la envidia de muchas televisiones, un equipo que -pese a los esfuerzos y explicaciones de mucha gente- ETB no supo valorar y atar, así que acabaron en Tele 5, uno cubriendo guerras  y el otro viajando por el mundo retransmitiendo la Formula 1. En el año 97 José y Adolfo le hicieron una oferta a ETB para trabajar en exclusiva para la cadena, pero “la casa”, con un ojo clínico digno de los ojeadores de Lezama, la rechazó y les dejó volar. Con los años me he dado cuenta de la suerte que tuve de trabajar con dos de los mejores cámaras de España,  pero por encima de eso con dos tipos estupendos. Son halagos que pueden sonar excesivos, pero yo estoy convencido de que la repercusión que tuvo  muerte de José Couso,  mayor que la de otros periodistas, sólo se explica  por el tipo de persona que era José.

Couso era un chaval excepcional. Ese tipo de gente para la que deseas una vida larga y feliz porque cada día que pasas con él compruebas que la aprovecha y la exprime  hasta el último segundo. Un tío que se esforzaba por ser amable con todos,  divertido, simpático, sensible, buen compañero, lleno de ilusión y energía. Un tipo genial.

Seguramente conocen la historia pero quiero contarla una vez más. Se la debo a Jose.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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Una respuesta a Capítulo 3. Mus, mentiras y cintas de video.

  1. abulense dijo:

    José Couso(q.e.p.d), gallego como el Magistrado Javier Gómez de Liaño y Botella (Orense, 1948)

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