Capítulo 2. Dos años para curtirme.

 

Pasé 2 años en Madrid. 24 meses para curtirme, 24 meses de vivir para trabajar en vez de trabajar para vivir. Me despertaba a las 7 de la mañana, encendía a la vez la radio y el primeros de los 40 cigarrillos que me iba a fumar, desayunaba un “con leche en vaso y un cruasán plancha” en un bar del barrio de Salamanca y a las 9 y media estaba en la corresponsalía de la calle Goya 22, en pleno centro de Madrid. 

A partir de ahí,  lo que tocase. Al principio sufrí una  cierta esquizofrenia profesional porque el Gaur Egun lo editaba Maialen Iriarte y el Teleberri José Mari Calleja lo que daba pie a una –digamos- entretenida disparidad de criterios que a los corresponsales nos generaba un notable stress mental.

La Audiencia Nacional era nuestra segunda casa. Conocíamos a todos los policías nacionales y ellos nos conocían a nosotros.  Al cabo de unos meses ya no enseñábamos el DNI para entrar, bastaba con saludar o hacer el ademán de abrir la cartera

                       -Hombre, el de “Euskal Telebestia”, tira, tira…

                       -Oiga, ¿ha bajado ya Garzón?

                        -Yo no le he visto, pregunta dentro…

Y dentro pasábamos las horas sentados en las escaleras, entre fiscales, abogados, secretas,  secretarias y presuntos delincuentes. A menudo no sabíamos quién era quién.

Un día  Jon Sistiaga, hoy famoso reportero de Cuatro y en aquel entonces  redactor de tribunales de Tele5, bajó  del cuarto piso con una evidente pérdida de color facial. Estaba más blanco que la pared. 

                     -¿Qué pasa Jon? 

                   -No te lo vas a creer… Estaba esperando a ver si pillaba a Bueren (Carlos Bueren, primer instructor del caso Lasa Zabala y destacado magistrado de la Audiencia    Nacional que abandonó la judicatura para fichar por un prestigioso bufete privado) y me he encontrado con 4 policías que se han debido pensar que yo también lo era

                  -Es que tienes cara de madero, Jon

                   -Vete a la mierda…Bueno, pues allí han empezado a contar burradas de Intxaurrondo… que si te acuerdas de tal, que vaya movida con cual, que si los de ahora a la primera ostia se mean en los pantalones y en cambio los de antes eran duros de cojones…que si esto y lo otro…hasta que ha llegado Argote (Jorge Argote, abogado del caso y muy vinculado al Ministerio del interior en la década de los 80), que ese sí me conoce y entonces se han dado cuenta de que yo no era poli….y por si acaso me he bajado a toda leche.

                  -Pues nada tío…ya tienes exclusiva ( y la tuvo, porque pocos meses después , no me pregunten cómo, entrevistaría a Felipe Bayo, uno de los policías directamente implicados en el caso Lasa Zabala)

Lo cierto es que sólo la Audiencia Nacional daría para un libro entero. En aquella época también conocí a muchos abogados  de la izquierda abertzale que a veces tenían auténticos papelones en los juicios. Recuerdo uno contra un joven acusado de colaboración con ETA. El abogado contruyo su defensa sobre el argumento de que con los hechos en la mano de ningún modo estaba fehacientemente acreditada la relación de su cliente con ETA y  añadiendo que, dada la gravedad de la acusación, había que recordar la abultada  jurisprudencia del Tribunal Supremo que establecía una serie de garantías que, en absoluto, se habían  cumplido en la fase de instrucción del caso que se juzgaba aquel día. La consistente argumentación (al menos así sonaba a oídos de un lego como yo)  era seguida con suma atención y seriedad por el tribunal y con notable desdén  por el acusado, un tipo de  anchas espaldas, mal afeitado y peor encarado, que lucía una larga trenza, un vistoso pendiente pirata y una popular camiseta con el anagrama de “Euskal Presoak”.

Cuando el letrado terminó su alocución el presidente del tribunal, Siro García, antes de declarar el juicio visto para sentencia,  se dirigió al acusado para –en cumplimiento del procedimiento- preguntarle si quería añadir algo más.

         -Sr Fulano de Tal, ¿quiere añadir algo a lo dicho anteriormente ante este tribunal?

          -Si señoría.

El gesto no pasó desapercibido ni para el Tribunal ni para los redactores que dormitaban al otro lado del cristal blindado ni, por supuesto, para el abogado que se revolvió nervioso en su asiento. De repente, todos levantamos un poco el culo que se nos había ido hundiendo en los bancos de madera y nos incorporamos en la que fue la primera muestra de interés de la mayoría de los presentes por lo que allí estaba ocurriendo. Lo normal era que el acusado dijese que no, que ya había hablado bastante….pero aquel individuo tenía algo que añadir     

        -¿Donde está el micro?, preguntó.

La pregunta terminó de despertar a todos los presentes

       -Lo tiene usted delante, ahí arriba, sobre su cabeza. Es ese aparato blanco, dijo el presidente del tribunal. 

El fulano lo vio enseguida. De puntillas,  se acercó todo lo que pudo al micro y tras pasarse la lengua por los labios y aclararse la garganta dijo:

        -Aldaya….¡paga! (el empresario Jose Maria Aldaya fue secuestrado por ETA el 8 de mayo de 1995 y fue liberado, supuestamente  tras el pago de un rescate, el 14 de    abril del 96)

Y dicho lo cual, el juicio quedó visto para sentencia mientras el abogado se pasaba la mano por el rostro. Apuesto a que  parafraseando el título de aquella película de Almodóvar pensaría: “Qué he hecho yo para merecer esto”.

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Acerca de JUAN CARLOS ETXEBERRIA

Periodista vasco. Trabajo actualmente en los servicios informativos de Euskal Telebista (ETB) elaborando reportajes para los informativos Gaur Egun y Teleberri
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4 respuestas a Capítulo 2. Dos años para curtirme.

  1. abulense dijo:

    carlos bueren roncero…….¿se “cagó” y acojonó a la hora de instruir el sumario por el asesinato brutal de lasa y zabala?

    • No lo sé. Lo único que sé es que desde que dejó la Audiencia Nacional y paso a un bufete privado no ha vuelto a aparecer en un medio de comunicación ni siquiera cuando salio la sentencia contra Galindo y compañía.

  2. abulense dijo:

    El bloguero Sr. Hercilla Trilla le dedicó versos y coplillas a la “espantá” de Bueren y a la valentía de Javier Gómez de Liaño. Carlos Bueren, viajaba en trenes de cercanías de Madrid leyendo “El Mundo”, aunque el periódico de Pedro J. le criticaba duro……..

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